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Los verdiales 3 parte E-Mail
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escrito por Alfredo Arrebola   
ALFREDO ARREBOLA SANCHEZ

VERDIALES 3 PARTE

ANDALUCIA  EN   SUS  CANTES

Alfredo  Arrebola, Profesor –Cantaor (Villanueva  Mesía-Granada)

 

Báilala  bien “bailaor”,

Báilala que a mí me  duele,

Que aunque no me toca nada,

La  sangre me hierve.

Tu madre  tuvo la culpa,

Por dejar la puerta  abierta,

Y  yo  por colarme   dentro,

Y tú por  estar  quieta.

Desde muy joven, más bien desde mi niñez, nació mi  afición  por los  Verdiales, y, de tanto  oírlos, han ido aumentando, poco a poco, mi amor e interés por el  flamenco, que es  lo que propiamente  cultivo. Pero  arranqué de ellos. Ya  he dejado dicho, aunque de pasada, que muchos  cantes flamencos hincan sus raíces en  el verdial; no  sólo los  estilos propiamente malagueños, sino otros más allá de la  tierra acariciada por las azules y tranquilas aguas del Mediterráneo. Una tierra – “Málaga la bella”, “Málaga la cantaora”, como la llamó  Manuel Machado (1874 – 1947) – donde los montes son como un hermoso balcón  orientado al mar, donde sin grandes  dificultades se combinan el color  verde con el azul, donde con tanto acierto se sabe mezclar sus raíces campesinas con las marineras. No existe, pues, error alguno afirmando que los pueblos han exteriorizado sus sentimientos por medio de la música. En este caso, Málaga y su provincia – a  través de losverdiales, nacidos de lo más íntimo del alma popular,  formando parte de una cultura que, por desgracia, no está totalmente explicada, aunque sigue viva entre sus  gentes, y  desde  los tiempos más remotos a nuestra memoria.

No hay que hacer mucho hincapié en decir que los  Verdiales siguen aún envueltos en los  misterios del pasado remoto, muy lejano a nosotros. Pero sigue…., lo que nos lleva ineludiblemente a realizar conjeturas acerca de sus posibles orígenes, terminando  siempre   en el mismo sitio: cruce de culturas mediterráneas que han ido pasando  por Málaga a lo largo del tiempo.

Hay quien afirma, pero sin argumentos veraces y contundentes, que el origen primario de  estos cantos habría que buscarlo en el mítico  Tartessos, situado en las costas andaluzas, donde se desarrolló una  cultura  refinada, aunque expansiva. No obstante, “no hay que poner los  bueyes antes que el carro” –según  mi criterio -, dado que intentaremos bucear, dentro de las posibilidades a  nuestro alcance, por todos los ríos de la investigación histórica, con el único fin de encontrar los orígenes de estas bellísimas danzas y no menos  fervorosos y ardientes cantes, y al mismo tiempo  llevarlos  por los caminos de “ser introductores” de otros muchos cantes flamencos, lo que  engrandece  a  estos  “cantos folklóricos” reconocidos, en la actualidad,  como “cantes  preflamencos”. Los Verdiales, una vez más hay que decirlo, son la “joya de la cultura malagueña”, patrimonio histórico de un pueblo que caló profundamente en las clases campesinas (afirmo “clases” porque quienes dijeron que “…eran  defendidos por los más necesitados”, se equivocaron: el verdial estuvo presente en el patrón  y en el obrero). Estuvo  presente el verdial porque caló en todos los actos de júbilo: bodas, bautizos, cencerradas, ferias, fiestas  particulares, etc. Y, además, es históricamente cierto que los “amores” se declaraban muchas veces  de la copla verdialera; como no menos cierto es que el verdial ha sido relacionado con el mundo religioso, aunque lo fuera de manera especial y sui géneris, recaudando “los reales” por los cortijos durante los días de Navidad para luego, el día de la  “Fiesta Mayor”, llevarlos al ermitaño, costumbre que estuvo vigente hasta el año 1915 aproximadamente, según referencias orales de testigos que llegaron a conocer estas tradicionales..

En  esa “Fiesta Mayor” DIA DE JEVA (28 de diciembre, festividad de los “Santos Inocentes” todo el mundo – ricos y pobres; patrón y obrero – se reunían para cantarle  piropos a la Virgen exactamente “por Verdiales”. Esa “religiosidad popular” no le quitaba,  es verdad, al verdial su granito de  paganismo. En una palabra: los verdiales  son la expresión mágica del pueblo malagueño, presentes  en todas las vivencias; ellos han sido la alegría y la diversión en aquellas bodas llamadas “de carne”, que duraban tres  días, e  incluso  por  los  pagos de Comares  hasta  una semana. Y  estaban, asimismo, presentes en los bautizos, en noches largas de invierno cuando los vecinos hacían pleita, y cuanto antes gastaran los “cojollos”, antes  estarían los mozuelos y mozuelas jugando a “La Curipampa/Churripampa”, y especialmente tocando y bailando por verdiales.

Se  cuenta que  cuando algún cortijero medía el amor de su hija, además  según tradiciones muy controlado, por hectáreas de tierra, aparecía el amor secreto del ganadero o  trillero, que bien con cantes de trilla o en la fiesta de san Juan le cantaría coplas como:

MANOJITO DE CLAVELES

ME PARECEN TUS  PESTAÑAS,

Y CADA VEZ  QUE  MIRAS

ME LAS CLAVAS EN EL ALMA.

Y ella le respondía con la inocencia propia de la joven que tiene que guardar las apariencias:

MI MARE ME TIENE DICHO

QUE NO ABRA LOS CRISTALES,

PORQUE RONDA  MI VENTANA

UNO DE LOS VERDIALES.

Fenómeno curioso pero no raro en Andalucía: noviazgos permitidos o no, conforme al estado social del pretendiente. Los “ventaneos”  seguían  en aquellos amores  que estaban prohibidos por los padres de la muchacha, en tanto que cuando eran conformes los padres se abrían las puertas  de par en  par.

Los verdiales también  estaban presentes, cuando algún  viudo volvía a casarse y se pasaba, si el caso lo requería, toda la noche dando carreras y sonando las “esencerrás”. Sin embargo, cuando el viudo era un tío listo abría las puertas de su casa, invitaba a la vecindad allí reunida y hacía venir a los “fiesteros”, y todo  acababa felizmente. Pero si el viudo no captaba la situación, los congregados y “esencerristas” se tiraban  hasta tres noches consecutivas interrumpiendo el sueño del  nuevo matrimonio….

No menos protagonista ha sido el verdial en las cantinas, construidas de cañas  y ramas de chopo en las fiestas de san Juan (24 de junio) y Santiago (25 de julio). Para los verdialeros constituía un gran honor recoger las cintas o lazos  que  bordaban las mozuelas en las famosas  “Carreras  a caballo”, para lucirlas en sus “sombrerillos” en las fiestas de Navidad.

 Leer el siguiente artículo del estudio de los Verdiales

 

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