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Los verdiales 8 parte E-Mail
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escrito por Alfredo Arrebola   
ALFREDO ARREBOLA SANCHEZ

VERDIALES 8 PARTE

ANDALUCIA  EN   SUS  CANTES

Alfredo  Arrebola, Profesor –Cantaor (Villanueva  Mesía-Granada)

 

Camino de Santo Pítar,

Arroyo de la Caldera,

Allí vive una  mocita

Más guapa que España entera

Que a mí el “sentío” me quita.

                 ….. Con este precedente, cualquiera podrá comprender y aceptar la mezcla de “lo profano” y   “lo  religioso” inmersos  en los verdiales, cuyo origen hay que buscarlo en las  remotísimas culturas que han ido pasando por la actual  Andalucía. Y es posible – idea totalmente subjetiva e individual que no obliga a nada – que aún aparezca alguna señal que revele la antigüedad de tan  sublime  expresión artístico-cultural   que  alberga, sin la menor duda, el pueblo  malagueño donde  se aúnan ciudad, campo y mar. ¡Málaga la bella! Y…¡Málaga la cantaora! Que siempre estará presente y en la boca de todas  aquellas  personas que, con el máximo  respeto y humildad, se acerquen al misterioso complejo del mundo del arte  flamenco. Una rara modalidad del mismo la tenemos en los Verdiales que – veremos más adelante – son base y proyección  de  otros  muchos estilos.  Porque  en  esa  trilogía – ciudad, campo y  mar -  de  asentamientos tuvo lugar el nacimiento, la expansión y desarrollo del  verdial, el cual sigue en la actualidad con la misma fuerza mítica que tuvo en sus  comienzos. Y  sin vanas pretensiones, sino todo lo contrario, nos parece que con este desarrollo histórico, literario y musical, nos atreveríamos a afirmar que ya sí estamos  preparados, queridos  y  fieles  lectores,  para comprender mejor la importancia histórica y trascendental de que  los Verdiales  fueron anteriores al mismo cante flamenco. Teoría  aceptada plenamente y difundida por otros tratadistas  flamencos: José Luque Baena, Antonio  Mata Gómez, José  Baena Romero, Gonzalo Rojo, Paco Vargas, entre  otros. Y aún más: creemos que la razón de esta  afirmación no es producto de una simple y ligera improvisación, o bien admiración por tan bella danza y canto, sino que la razón de su “ser óntico” radica en su esencial  e innata riqueza musical que  ha originado  otras distintas formas  que  están encuadradas en el frondoso  árbol  flamenco.

Y hasta la misma  Soleá tendrá  que mirar, aunque remotamente, al viejo, exacto y medido compás de los verdiales, como tan acertadamente ha demostrado – aunque          ya se sabía – el flamencólogo José  Manuel  Gamboa en su magnífico trabajo “Cante por cante”, pág. (Madrid, 2002). No cabe, pues, la menor  sorpresa en que, gracias a su  “riqueza  musical”, el Verdial estará  siempre  vigente en toda manifestación preflamenca – como expresión  folklórica  - y  flamenca como  signo inequívoco  de su  proyección.

2.- Aspectos  literarios. 

     No es exageración, nada más lejano. Se  precisaría tener la visión de poeta  para  describir, en su justa  medida, este típico y  antiquísimo  fandango  malagueño. Habría que estar presente en cualquiera de las  muchas  apariciones  públicas  que se  vienen   repitiendo – y cada  día  con mayor entusiasmo – por todos  los  entornos  malagueños y, para gloria de ellos, fuera de esta  tierra. Por ello, ruego encarecidamente que tengáis presente que yo,  sentado  en una  silla y con la pluma en mi mano, me sea imposible     narrar y cantar literaria y poéticamente esta  maravillosa y sublime  manifestación artístico-cultural realizada a través del  cante, baile y música que, desde tiempos inmemoriables, pervive en Málaga y su provincia.

   No obstante, la mente, el  espíritu y la imaginación  pueden  volar tranquilamente a  cualquier  lugar  típico de este  trozo  andaluz – asimismo,  en el  tiempo – para vivir las  emociones  más profundas que  puede  originar el trepidante y agradable  batir de  sus  instrumentos  musicales, los  cuales integran y  componen  cualquier  Panda, que  el nombre que  recibe  este conjunto de  personas: cantaores, bailaores y tocaores.

   No ha sido extraño, pues, que  muchos poetas, músicos, periodistas y escritores  hayan dedicado una buena  porción de su ágil y ferviente musa para  recordar, cantar  y ensalzar los valores poéticos y literarios  de los  verdiales, que pueden ser  estudiados en  su  estructura  literaria  y contenido estético, o también  relacionar cuál  ha  sido su  presencia en la  vida  y obra de algunos de estos poetas o escritores.

   Esto me obliga, aunque sea con la  mayor  brevedad  posible, a exponer qué es propiamente el Verdial dentro del campo estético-poético. Pues bien, el  Verdial, desde la perspectiva  métrica, no es más  que una  copla de cinco versos  octosílabos, que suele  repetir el primero de ellos en tercer  lugar y, en ocasiones, también  puede estar formado por  estrofas  de  cuatro  versos, con  repetición  del primero  en tercer lugar y del último dos veces. Esta brevísima explicación se  comprendería  bastante  mejor si se realizara  en el orden práctico, aunque, a la verdad, también vale esto.

    El  Verdial  está  considerado como el prototipo del  fandango  campesino; sus  letras son  sencillas y alegres, en las  que caben todos los  sentimientos que el ser  humano puede  desarrollar. Y en cuanto a la rima, las letras/coplas de los  verdiales pueden encontrarse tanto en la llamada  “rima  consonante o perfecta”, como en la “rima  asonante o imperfecta”. Puede decirse que, por lo general, predomina la “rima consonante”, lo que nos revela que se trata de una  forma  antigua dentro del  amplio       campo de la lírica  popular, manifestado, en este  caso, a modo de  romance. Por tal  motivo, no nos puede extrañar que los  verdiales estén  empleados o “manejaos” por los  llamados “troveros”, muy extendidos por toda la alpujarra  granadina y toda la  región  murciana que, al correr  del  tiempo, llegarían a ejercer una poderosa  influencia  en el  llamado “canto minero”: Levantica, Murciana,  Minera, Taranta, Cartagenera ….. Debo  recordar, a quienes siguen las huellas de “Andalucía en  sus cantes”, que el  trovo no  es más  que una  forma residual de los  viejos  y modernos  romances, elementos  básicos en la génesis  y  desarrollo de los estilos  flamencos.