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MaloBueno 
escrito por Alfredo Arrebola   
lunes, 15 de diciembre de 2008
Malagueña 1 Parte

Yo no sé lo que me ha “pasao”

Desde que te conocí.

Me siento un hombre feliz

Y mi corazón ha “cambiao”

De tanto mirarme en ti

(Malagueña-granaína, A. Arrebola).

 

La Malagueña es un cante de mucha profundidad y grandeza, llevando en sí misma una sensibilidad fuera de lo común. Tal es así que no todos los cantaores se atreven a interpretarla debidamente, es decir, conforme a la tradición recibida. Porque para cantar bien por malagueñas, es preciso tener mucho arte y no menos sentimiento, buena voz y dominio de los melismas propios de esa “tierra cantaora”. A estas cualidades habría que añadir unos pulmones a prueba de bomba. No se olvide, por otra parte, que en los llamados “cantes acompasaos”, el cantaor suele apoyarse en el ritmo y son, pero en la Malagueña – una vez dada la “salía”, hay que “echarse palante” (Término propio del lenguaje flamenco). Deben, pues, saber, mis queridos lectores, que en la malagueña el cantaor va siempre a pecho descubierto y el menor fallo, al respirar o retrasarse, queda prácticamente evidenciado.

 

En cuanto a la vinculación con el denominado “cante gitano”, hay que afirmar rotundamente que no la tiene. Pero no por ello pierde grandeza. Nada más lejano. El poeta José Carlos de Luna, allá por el año 1956, en un célebre discurso que pronunció en el Teatro Cervantes de Málaga, nos dejó dicho lo siguiente: “..¿ que la Malagueña no es cante jondo porque le falta el “rajo” del estilo gitano?. Eso lo dice los advenedizos a la afición, pero no los viejos cantaores. Y mientras Silverio se arruinaba por seguiriyas, Juan Breva pagaba con onzas peluconas y centenes isabelinos, ganados por malagueñas, los claveles que alfombraban el tablao a Juana Vargas “La Macarrona”. Los plañidos de la malagueña no son ecos de presidios ni arrastran por caminos y tugurios hambres, miserias y degradaciones. Suspiran en ellos el alma atormentada por los celos y por la convicción de que el gozo perfecto dura poco. Por este solo cante pudo merecer Málaga el apelativo machadiano de “MALAGA CANTAORA”, cfr. “De folklore malagueño”. Málaga, Diputación Provincial, 1956.

Musicalmente analizadas, las malagueñas arrancan del “fandango abandolao”, que cada vez va perdiendo el ritmo para hacerse más lento, hasta llegar a olvidarse de la bandolá propiamente dicha. Ahora bien, la guitarra ha sido, según mi criterio, elemento transformador y eficaz en la génesis y formación de este bellísimo y difícil estilo flamenco. Pienso, como cantaor, que la malagueña lo debe “casi todo” a la inspiración del guitarrista en perfecta conjunción con el cantaor de turno. Por ello, tal vez, las malagueñas no se generalizan sino que su nombre lo tomarán de su intérprete. He aquí,pues, la razón última del variado numero de estilos, debidos precisamente a sus creadores: Malagueña de la Trini, Chacón, Canario, Perote, Mellizo ,etc…. Sin embargo, hay una nota común en todas ellas: jamás varía, en esencia, el toque de la guitarra. Así sucede que no sabremos qué tipo de malagueña vamos a oir hasta que el cantaor no dé siquiera el primer tercio. Y aún así, se pueden confundir varios estilos de malagueñas. No es extraño, pues, que se diga que el flamenco es un arte sumamente complejo. La guitarra sonará siempre en “aire abandolao” como en otros muchos primitivos cantes, pero recibiendo ecos, por ejemplo, de soleares y seguiriyas. La malagueña adquiere su independencia del fandango verdialero porque su “melos musical” se hace cada vez más pausado, más lento, sostenido y complicado, logrando con ello una extraordinaria riqueza musical y flamenca.

 

Estas transformaciones son propias de la evolución de todo folklore en general, aunque, digámoslo de paso, el flamenco no es folklore, pero sigue sus leyes. Estos cambios, afirma José Luque Navajas en “Málaga cantaora”, pág. 68, son efecto de otro sustancial: hacer del cante vehículo de un estado de ánimo distinto. De manera que si los verdiales son cantes de fiesta, de carácter jocoso, chispeante, satírico, intrascendente; la evolución hacia la malagueña tiende a hacerla sentimental y profunda, expresiones de penas y pasiones. Esto unido a la influencia romántica del tiempo en que tuvo lugar su gestación, así como la distinta idiosincracia del sector social (población urbana frente a la rústica) que empezaba ya a desempeñar un papel preponderante en el arte flamenco, nos da una idea de los factores determinantes del nacimiento de la malagueña”.

 

Un problema difícil es el de su origen y formación, históricamente considerada. Y, como es natural, existen diversas teorías; algunas sin fundamento. Hay quien defiende que la malagueña fue invención árabe. El autor atribuye la malagueña a una musulmana de Málaga. ¡Qué más quisiera Málaga, afirma Francisco Bejarano Robles en “Del cante y la malagueña”, que nuestro cante se romantara a la Edad Media, para presumir de tener el cante más antiguo! Otros mencionan como antecedente una malagueña antigua o “malagueña tirana”, que estuvo en boga a finales del siglo XVIII. Nos parece que los orígenes de la malagueña no pueden ir más allá de mediados del siglo XIX, y que su base principal fue, como ya se ha dicho, el primitivo malagueño. Este fandango, en su modalidad de Rondeña, pudo ser también la base y origen del cante que actualmente conocemos como Malagueña.

 

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