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escrito por Alfredo Arrebola   
sábado, 21 de marzo de 2009

M I N E R A S

Las minas bajo La Unión

Avisan con su tan-tan

Dónde escarba la ilusión.

¡Las minas del corazón

Nadie sabe dónde están!.

(JOSE MARÍA PEMÁN. Premio de Mineras en el “·Festival de La Unión”).

Los cantes que se interpretaban en las tabernas de las cuencas mineras del sureste español, así como en los “cafés cantantes” de Almería, de La Unión y Cartagena, de Linares y de la Carolina son conocidos en el mundo flamenco con el genérico nombre de “CANTES DE LAS MINAS”. Y son: Tarantas, Cartageneras, Murcianas, Levantica, Mineras y Tarantos. No me parece correcta la denominación tradicional de “Cantes de Levante”,ya que restringe el ámbito del cante minero que no es , por cierto, privativo del Sur y Levante español. Todos estos cantes proceden de las diversas modalidades del fandango. Y, a excepción del Taranto, son cantes en los que el cantaor tiene plena libertad rítmica, es decir, no tiene que sujetarse a ningún tipo de compás fijo. Por tal motivo, el Taranto puede bailarse tranquilamente gracias a su ritmo “acompasao” de la zambra. Como cantes mineros emergen a finales del siglo XIX y comienzos del XX, coincidiendo con el apogeo de la actividad minera en las cuencas de Almería, Cartagena y La Unión (Murcia), Linares, La Carolina y Andújar (Jaén), etc. Los “Cantes de las Minas” son ricos en matices y encierran grandes dificultades cantaoras – musicales y técnicas -, con fragmentos de tonalidad oscilante, tercios largos y de un gran recorrido melódico; dificultades que el cantaor, liberado y a la vez desasistido de cualquier tipo de compás, sin ninguna apoyatura rítmica, en la más terrible soledad, tiene que ir superando tercio a tercio. Son cantes que, para desarrollar toda su innata belleza musical, exigen cantaores con voces claras, limpias, brillantes, con una depurada técnica, esto es, cantaores que estén dotados de un exquisito sentido de la melodía. Esto lo digo desde mi larga experiencia cantaora y porque, afortunadamente, he podido registrarlos en mi particular discografía a lo largo de muchos años.Y nunca he dejado de escuchar a los grandes maestros: Chacón, Escacena, Centeno, Cayetano Muriel “Niño de Cabra”, Niña de los Peines, Manuel Vallejo,Canalejas de Puerto Real, Pepe Marchena, Juan Valderama, Cobitos, Señor Manuel Pavón, Luquitas de Marchena, etc.

Haciendo un alarde de síntesis, podría enumerar los hechos que influyeron en la génesis del “cante minero”, teniendo en cuenta – cómo no – el entorno geográfico, social, psicológico y profesional:

  1. La llegada de trabajadores mineros de Andalucía hasta La Unión ,especialmente de Almería y Jaén, quienes fagocitaron en forma de flamenco los cantos populares autóctonos.

  2. Los grandes desequilibrios económicos y sociales producidos en la población y la lucha de la clase trabajadora ante los peligros de la mina y su explotación.Esta situación lleva al obrero a relatar sus penas e inquietudes.Aparece, pues, la crónica de los sucesos en el cante minero.

  3. Afán del minero por hacerse de una fortuna,lo que le arrastra a la explotación minera en forma de “partidas” (arrendamiento de la mina).

  4. La aportación, que en forma de trasvase de información, llevan a cabo los trabajadores de oficios complementarios al trabajo en las minas:propagación,por tanto, de los cantes mineros

  5. Las reuniones habidas,después del trabajo, en los bares, prostíbulos, cafés de cante, convirtiéndose en lugares de creación y recreación del cante.Aparecen nombres de cantaores (El Rojo el Alpargatero, La Gabriela, etc.) .Y como resumen,creo que el “cante minero” surge como respuesta a los mismos problemas de opresión existencial que estuvo en la génesis del flamernco andaluz,aunque en estos cantes predomina la temática laboral y social.

El 13 de octubre de 1961 nace el Festival Nacional del Cante de las Minas, y con esta ocasión aparece un premio especial: “Lámpara Minera” para un cante por excelencia en La Unión: LA MINERA que, musical y flamencamente vista se parece al Fandango de Lucena. “En Levante, escribió Manuel Yerga Lancharro,R.Candil/Febrero 1980, nadie que entienda un poco podrá negar que existe desconocimiento de algunos cantes y errores en su interpretación”.Así lo veo yo.La Minera, en sus primeros “sones flamencos”, nos recuerda al Fandango de Lucena que, a su vez, arranca del cante malagueño. Sin embargo, reconozco que la Minera adquiere unas características especiales en las voces cantaoras de aquella tierra murciana,carcterísticas logradas por obra del tiempo.Así lo experimenté en la interpretación de Esteban Bernal y Pencho Cros.En estos cantaores-aficionados, la Minera cobra aspectos y matices peculiares, adquiriendo el “eco flamenco” del hombre que, oculto bajo la tierra, se desgarra cantando el dolor y la angustia de los mineros. Los dos grandes personajes que dan “forma definitiva” a los cantes mineros son, sin la menor duda, Antonio Grau Mora,El Rojo el Alpargatero (1847-1907) , “padre de los cantes mineros”,y don Antonio Chacón que fue sin duda su mejor “orfebre”, dejando, para la posteridad, grabaciones que realiza durante los años 1910,1913,1925 y 1929, en las que registra por primera vez la Cartagenera, las Tarantas Mineras, la Taranta Cartagenera y acuña el vocablo de Minera para el cante que hoy se conoce como MINERAS.

Tras la desaparición de El Rojo el Alpargatero (1907) y de Chacón (1929), con el auge del fandango en la etapa de la Opera Flamenca y con la decadencia de la minería (1910), los “cantes mineros” caen, progresivamente, en el olvido.Poco a poco, fueron desplazados de los repertorios de concierto y se convirtieron en completos desconocidos del público. Pero con la llegada a Cartagena (1952) de don Antonio Grau Dausse, el hijo del Rojo el Alpargatero, y la organización del primer Festival de Cante de las Minas (1961), estos estilos flamencos inician un proceso de recuperación, reestructuración de sus formas, conservación y difusión por toda la geografía española. En la actualidad, este magno Festival- dentro de unos días celebrará su XLV edición, goza de la máxima admiración y respeto de la numerosa familia del arte flamenco.