Soleá 1 Parte | Soleares 1 Parte |
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| escrito por Alfredo Arrebola | |
| jueves, 18 de octubre de 2007 | |
Si grandes fueron las dificultades en el desarrollo histórico, literario y musical de las seguiriyas, no menos las vamos a tene en las soleares. El arte flamenco tiene sus propias líneas. Como también se dice que si las seguiriyas constituyen el tronco del que proceden los más jondos soníos del flamenco, las soleares son, sin la menor duda y a pesar de su tardía aparición, las columnas que lo sostiene. ¿Por qué? Porque la soleá o soleares es un cante que primordialemnte expresa lo más jondo del corazón. “No llega, escribe Luís Soler en “Historia del flamenco”, Tomo IV, pág. 353, Sevilla, 1996, al desbordamiento patético de la seguiriya, pero sí le supera en solemnidad. Encierra un bloque de temarios que encarnan vivencias personales”. Por tanto, por muchas dificultades que encontremos, no debemos desechar el deseo de saber qué ha sido este noble estilo en la historia flamenca. También en este campo, no nos queda más remedio que echar mano de la “tradición oral”, dado que son pocos los testimonios escritos de nuestros cantes. Es cierto: las soleares no son los primeros cantes que aparecen, pero, no obstante, llegaron a colocarse en primera línea por sus valores flamencos. Por eso mismo,las soleares son la columna vertebral del flamenco, por su sobriedad y belleza, y por ser el cante a compás por excelencia, además del amplio número de cantes que de ellas se derivan. Y aunque hablemos en plural (soleares), se trata simplemente de un plural mayestático.Porque la soleá es una. Tiene, además el cante por soleá una característica especial: NO CANSAR. Por mi propia experiencia cantaora, yo he podido comprobar que se puede estar toda una noche cantando “por soleá” y no cansar a los oyentes, cosa que no sucede con otros cantes. Por otra parte, gozan las soleares de ser el estilo mediante el cual se puede alcanzar el mayor prestigio: en ellas tienen que purificarse todos los que deseen penetrar en los secretos del flamenco. Por ello mismo ningún profesional debe rehusar este cante. ¿Por qué? Porque en las soleares están perfectamente conjuntados el ritmo, compás y melodía.
A través de las soleares, podemos llegar a todos los cantes; y en ellas podemos apreciar la capacidad de cualquier cantaor. Opino que ante ellas tienen que doblegar la cabeza todos los cantaores y estudiosos flamencos, como si se tratara de un rito sagrado. Y si examinamos la historia flamenca, encontraríamos que raro es el poeta andaluz - fuera de Andalucía también – que no haya intentado adentrarse en el reino de las soleares. Más aún: todos los poetas han dicho lo que ya había afirmado el sevillanísimo poeta Manuel Machado: “ La reina de las coplas de Andalucía”. Y en su libro “ Cante Hondo” (París, 1912), pág. 31, dijo Manuel:
Con esta descripción, el poeta modernista nos quiere dar a entender que en la soleá se encuentra la base de todos los cantos populares. Podemos afirmar, sin miedo, que la soleá es la expresión más acabada del alma popular de Andalucía. La que mejor define su sentimiento, porque este cante – como el pueblo andaluz – aún encerrando todos los sentimientos, rara vez llora, por ser demasiado altivo y orgulloso para las lágrimas. Admitirá – como afirma García Durán en “Andalucía y su cante”, pág. 41 – el llanto de la vergüenza, del odio o del recuerdo, pero no el débil llanto del sufrimiento pasivo”. Fue también otro gran poeta, el exquísito y lírico García Lorca, quien define y pinta así la soleá:
Poema del Cante Jondo”, Granada, 1921. Me atrevería, como Cantaor, a definir la soleá como el cante de los hombres fuertes y de las mujeres bravías; sin embargo, hay que dejar bien claro que sobre el “mundo de la soleá” nunca se puede pontificar, sino tratar de captar la esencia de este sublime cante, que es como la razón de ser de lo jondo. Porque el rigor en el conocimiento del cante no siempre viene dado por disquisiciones teóricas, por brillantes especulaciones, ni por análisis musicales, lingüísticos o literarios, premisa que nunca debemos olvidar. Y para un cabal lo importante y primordial debe ser siempre el conocimiento de “lo jondo”, como lo intentó buscar y decir García Lorca. Por tal motivo, siempre procuro que mis exposiciones flamencas estén basadas en una realidad vivencial, es decir, tener la inmensa suerte de ser cantaor y ser capaz de sentir, amar y expresar las duquelas que conllevan los estilos flamencos, y de manera especial el cante por Soleá.
Cuando Ricardo Molina estudia la problemática de las soleares, toma como fundamento de sus palabras las del romanista Karl Vosler para decirnos que el origen de la “ soleá, solear, soleares”, está tomado de la castellana “ soledad”, y que este nombre procede, a su vez, de los vocablos “ soidade, soedade, suidade” de la lengua gallego-portuguesa, cfr. “Mundo y formas del cante flamenco”, pág. 205. Ed. Al-Andalus, Sevilla, 1971.
Resulta difícil admitir cómo Ricardo Molina se dejó llevar por las teorías de Karl Vosler (cfr. La poesía de la soledad en España”), ya que decir que la palabra soleá pueda tener un parentesco etimológico, no demuestra que se derive de ella. Y es posible pero no convence, dado que existen otras teorías que llegan a la misma conclusión. Es cierto que se trata de un problema filológico, pero también en el flamenco debemos echar mano de él y, además, buscar todas las posibles fuentes de donde arrancan nuestros sublimes y no bien ponderados cantes flamencos.
Sí es verdad que, acogiéndonos a la trayectoria histórica del cante, podemos decir que palabra soleá tuvo en el siglo XIX su mayor difusión, época coincidente con el mayor esplendor flamenco, y que en el siglo XVIII se había hecho ya popular este nombre por el entusiasmo y devoción del pueblo andaluz a la Virgen María, apareciendo la advocación de Nuestra Señora de la Soledad. Asimismo, se sabe que el tema de las “soledades” aparece ya en los siglos XVI y XVII.
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