10 Soleares de Jerez | Soleares 10 Parte |
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| escrito por Alfredo Arrebola | |
| jueves, 17 de enero de 2008 | |
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SOLEARES DE JEREZ.
Siempre que se hable del flamenco, hay que hacerlo con la mayor objetividad posible. Su razón estriba en que se trata de un enigmático y ancestral arte que caracteriza a este trozo de España llamado Andalucía. Ignoro si estaré acertado en mis exposiciones, pero sí puedo afirmar que siento lo que digo y busco, como acostumbran los “flamencos” auténticos, la verdad en todo momento. Porque es altamente difícil saber el origen cierto y apodíctico de los variados estilos flamencos; pero, no obstante, contamos con algunos caminos históricos que nos pueden aproximar a él. Porque, ante todo, no olvidemos que el flamenco es un “arte”, y como tal radica en la esencia misma del ser humano. Eugenio Noel (1885 – 1936), aquel terrible enemigo del flamenco y de los toros, nos legó, a pesar suyo, la mejor definición del cante flamenco: “Er cante no cabe en er papé”. Y tenía razón el escritor madrileño epígono del 98, porque ¿quién es capaz de definir debidamente nuestro cante, baile y toque de guitarra que forman la trilogía del arte flamenco? Y como he dicho antes, uno de esos caminos lo encontramos precisamente en Jerez de la Frontera, catedral del vino, del cante y de los toros. Jerez cuenta, desde los inicios prehistóricos, de unas connotaciones sui géneris, especiales y distintas de los demás pueblos andaluces que han creado “estilos flamencos”. Cualidades específicas y distintivas, con sus barrios de Santiago y san Miguel, que hacen de él como un emporio del cante por bulerías dentro de la geografía del flamenco. Aquí también surgió un cante a medio camino entre la Bulería y la Soleá, lo que en la actualidad se denomina como “Bulería por soleá”, “Soleá –bulería”, Bulería “pá” escuchar o, asimismo, “Bulería al golpe”. “Todos estos antecedentes musicales, afirman los flamencólogos Soler Guevara-Soler Diaz en “Antonio Mairena en el mundo de la Siguiriya y la Soleá”, pág. 28l (Málaga, 1992) – hacen que las soleares que se dan en Jerez sean las más dinámicas, cortas y rítmicas de toda la gama soleaera”.
Los estudiosos del arte flamenco coinciden en que a Antonio Vargas, conocido como Curro Frijones, o simplemente “Frijones de Jerez”, que vivió entre finales del siglo XIX y principios del XX, se le deben las más antiguas soleares jerezanas, dotadas de unas características especiales en los últimos tercios y que han sido imitadas por todos los artistas que han recreado soleares de Jerez: Teresa Mazzantini, Pepe Torre, Tomás Pavón, Tío José de Paula, Tío Borrico de Jerez y, sobre todo, Antonio Mairena, quien en unión con Ricardo Molina – cfr. “Mundo y formas del cante flamenco”, pág. 225 (Sevilla, 1971) – afirman lo siguiente: “… La “única” soleá que creó Frijones es, desde luego, inconfundible. Es un cante corto, susceptible de ser interpretado de muchas maneras. Los que la oyeron al propio Frijones, como Pastora Pavón o Aurelio Sellés, coinciden en que la versatilidad fue la característica del extraordinario soleaero jerezano. En efecto, unas veces marcaba enormes pausas entre tercio y tercio, mientras que otras los ligaba de modo peculiarísimo, pues la principal característica de Frijones fue la originalidad. Pero fuera cual fuese su modo de cantar, la esencia de su soleá es siempre la misma. Si cortaba los tercios, adornábalos con una “s” terminal, viniese o no a cuento. Si los ligaba, intercalaba a guisa de eslabón marcados vibratos guturales destimbrados. Muy gitana y muy personal, la soleá de Frijones es acaso la más inconfundible.
Creo no equivocarme, si digo que Tomás Pavón (Sevilla,1893 – 1952) refundió el cante de Frijones, dándole una grandeza que originariamente no tuvo, ya que Frijones, según la tradición oral, procuraba siempre interpretar los estilos breves, escuetos y penetrantes. Afortunadamente, ya no se habla de “Soleá de Frijones” sino de los diferentes estilos que el jerezano creara. Y así, hasta cuatro estilos diferentes – aunque parecidos – nos dejó el inmortal Curro Frijones; uno de ellos no fue más que una adaptación de alguna vieja soleá trianera con esa caída suya, tan propia e inconfundible, dado que sus últimos años los pasó en Sevilla, donde lo conoció Pastora Pavón “Niña de los Peines” (Sevilla, 1890 -1969). Este tipo de soleá sería recogido, aunque de forma indirecta, por los cantaores Rafael Moreno, Fernando el Herrero, Manuel Escasena, entre otros. Es correcto, pues, afirmar que el cante “por soleá” en la línea de Frijones se caracteriza por su amplia libertad expresiva. Es más que suficiente escuchar las diferentes versiones que nos han transmitido, entre otros, Antonio Mairena – su mayor difusor – y la jerezana Tía Anica La Piriñaca (Jerez de la Frontera, 1899 -1987). Y esa misma libertad la podemos comprobar también en la copla que emplea, la cual puede ser tanto de tres como de cuatro versos octosílabos.
La influencia del cantaor jerezano ha sido tan amplia y efectiva que hoy se habla, con fundamento histórico y musical, de “Soleá de Tío José de Paula”, “Soleá de Teresa Mazzantini”, “Soleá de Tío Borrico de Jerez”, “Soleá de Pepe Torre”, “Soleá de Manolo Caracol” y -¡cómo no! – el “Gran Maestro de los Alcores”, Antonio Mairena, se une a la corta lista de soleaeros que han recreado estilos. De Curro Frijones nos ha “recreado” dos estilos. El primero de ellos lo grabó con la letra “Por lo que me está pasando” (1964), y el otro bajo el título de “Por Dios entra por mi puerta”, cuya grabación se llevó a cabo en 1972.
Sólo quiero añadir que el campo de la soleá es tan complejo, que en él se vuelca el alma entera de Andalucía, como se ha volcado la mayoría de las recreaciones jerezanas en el “gran artífice” de los cantes de Jerez: CURRO FRIJONES, de quien se dice:
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