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Soleares 2 Parte PDF Imprimir E-Mail
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escrito por Alfredo Arrebola   
miércoles, 17 de octubre de 2007

Mi mare me lo decía

y ella nunca me engañó:

el que roba a los pobres

no tiene perdón de Dios.

Según referencias literarias, podemos llegar a admitir que en los siglos XVI y XVII habría ya cantos de soledades . Estos “cantos de soledades”, bien pudieron estar relacionados, líricamente , con las “Soidades”, pero nada tuvieron que ver con las llamadas soleares flamencas o gitanas. Conforme a mi criterio, las soleares (plural de solear) pueden proceder del término latino “solere”, o bien desolum” y de “solearis/-re. Además, en latín hay un verbo deponente “Solor” que significa “consolar, reconfortar”; incluso nos encontramos con un giro que dice : “Laborem cantu solari”, que en nuestra lengua quiere decir: “aliviar el trabajo cantando ( con el canto). He citado estas frases como testimonio “ad latere”, para comprender que existen medios en el flamenco - dentro de las posibilidades – para averiguar las raices etimológicas de nuestros cantes.

El poeta jerezano Manuel Ríos Ruiz – cfr. “Introducción al cante”, pág. 77 (Madrid, 1972) nos dice: “.. No pretendemos en este expositivo trabajo dilucidar cuántos misterios envuelven el arte andaluz, pero sí queremos aclarar, en lo posible, algunos de sus aspectos.. En este caso, de la etimología de uno de los cantes principales, nos atrevemos a lanzar una posibilidad de acercamiento de la palabra “SOLEA”. Creemos que no procede de “Soledad”: primero, porque es un canto de diálogo, como muchos cantes jondos, y segundo porque consideramos al cante “por soleá” nacido de la copla o trovo improvisado en los tajos de los campos bajoandaluces, entre las cuadrillas de gitanos escaldadores de trigo o vareadores de aceitunas, a pleno sol ( no olvidemos que la recogida de aceituna se llama “soleo”, y que “Solear” - de sol, significa “asolear, tender una cosa a secar)”.

 

El poeta Ríos Ruiz confunde la etimología de las palabras, pero no va muy descabellado, por la relación que hay en el campo semántico de estos términos. “Solear” no debe confundirse con “solum/-i” que origina, por diptongación, “suelo”, y “sol/-is” da, en nuestra lengua, Sol.

El mismo poeta Ríos Ruiz – cfr. op. Cit. Pág. 77 – escribió: “... Personalmente, allá por los años cuarenta, hemos vivido con cuadrillas de gitanos en los cortijos, y por propia experiencia conocemos las costumbres entre ellos de cantar, mientras escaldaban los sembrados, letras picarescas, amorosas, dramáticas, que, tanto literariamente como por la temática tan diversa, son puras soleares, es decir “cantes por soleá”. Cantar “por soleá” puede proceder de ese cantar al sol de los gitanos del campo, hasta cristalizar, al ser ejecutados por los profesionales del cante, en lo que actualmente es: un cante con una variadísima gama de matices, entre los que destacan los aires de Jerez, Cádiz, los Puertos, Alcalá, Triana, etc.”.

La teoría del flamencólogo Ríos Ruiz me satisface por ser personal y basada en la experiencia que él tuvo con los calés jerezanos. Y aunque nos duela, debe decirse objetivamente, que ignoramos cuál ha sido el verdadero origen del llamado “cante por soleá”.

Los testimonios históricos no alcanzan ni siquiera a Serafín Estébanez Calderón. No veamos el flamenco como una ciencia. ¡Pobre de quien así lo considere! El flamenco es más que nada un “arte vivencial”. Lo que intentams es acercarnos a él con la debida humildad, con el fín de conocer, en lo posible, sus verdaderas raíces. Esta oscuridad no debe deprimirnos, ya que es una herencia recibida “oralmente” de generación en generación. Y también debemos – cómo no – buscar la razón última de un arte que ha invadido no sólo a España, sino al mundo entero.

 

En lo referente a las soleares, es imprescindible recurrir a don Antonio Machado “Demófilo”. En su “Colección de cantes flamencos” (Sevilla, 1881) nos dejó dicho lo siguiente: “... Pero estudiando ya los cantes, en sus variadas clases, hallamos en primer término las Soledades, llamadas también soleares y soleás, cuya letra no es otra cosa que la copla común de cuatro versos octosílabos romanceados, cantada por la música cuyo nombre, según nuestros infomes, es debido a una mujer llamada Soledad, y no a su melancólica tristeza ; por más que, como hemos dicho en otro lugar, aunque todas las coplas de cuatro versos pueden cantarse por aire de soledad, los maestros no gustan emplear más que letras tristes, compuestas por ellos en la mayoría de los casos. Las soleares, propiamente dichas, llamadas “tercetas en Osuna, corresponden a las triadas gallegas apellidadas también “ruadas y, por algunos, tercetos, y tienen alguna relación con el stornello italiano y el ternario céltico, según indicó ya el señor Milá y Fontanals. Distínguense, pues, sólo las soledades de cuatro versos de las rondeñas o malagueñas, en que los cantaores buscan para las primeras las letras tristes; y las soledades de tres versos de las coplas de jaleo, en que la letra de éstas es ordinariamente más alegre y los compases más animados”.

 

Como podemos observar, ni el mismo Machado nos da certeza en el origen de las soleares. Existen opiniones subjetivas, relacionadas siempre con su forma literaria. En esta situación está Demófilo. El sólo se atreve a vislumbrar que las coplas de jaleo pudieran ser la fuente primaria de las soleares. La tesis de Demófilo la siguen también otros autores. Y así José Blas Vega – cfr. “Temas flamencos”, pág. 21-22 ( Madrid,1973) afirma: “... Es (soleá), al mismo tiempo que un latido perfecto, la esencia poética de Andalucía. De su oirgen (paternidad) mucho le debe al antiguo baile de compás ternario llamado “El Jaleo”, muy poular en Cádiz y en Jerez de la Frontera a principiso de 1800”. Como se ve, es sumamente difícil averiguar los verdaderos antecedentes etimológicos de las soleares.

 

El gran folklorista andaluz, Francisco Rodriguez Marín – cfr. “Andalucía en sus mejores coplas”, pág. 11(Madrid, 1910), nos dice que “... el alegre jaleo y la soleá casi siempre son de tres versos; se dieron la mano, acompañados de una misma música de aire alegre, ligero en las unas y lento en las otras”. Si alguien desea ampliar estos conocimientos sobre las soleares, puede consultar los artículos publicados por Demófilo en “La Enciclopedia” numero 21, II Epoca, 25 de octubre de 1879. Se evidencia claramente que nos es difícil conocer los orígenes de nuestros cantes andaluces. Estas dificultades imprimen al flmenco , posiblemente, un mayor interés no sólo en España, sino en el mundo entero.En las universidades andaluzas son ya muchas las tesis doctorales dedicadas al arte flamenco.

Soleares 3 Parte.