Soleá 3 Parte | Soleares 3 Parte |
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| escrito por Alfredo Arrebola | |
| martes, 16 de octubre de 2007 | |
El distinguido y objetivo flamencólogo don José Blas Vega – cfr. “Temas Flamencos”, pág. 22 – nos asegura - yo lo he comprobado- que el Profesor García Matos ha observado en antiguos jaleos, cuya notación se conserva, que tienen el carácter musical de las soleares. También afirma que las primitivas soleares son de tres versos, y cuanto más antiguas son se aprecia en su compás un aire más ligero y bailable. Testimonio casi definitivo nos lo dará el cantaor sevillano Pepe el de la Matrona, el cual afirma que antiguamente, cuando las soleares las bailaba una mujer, se llamaban “Gelianas”, y cuando las bailaba un hombre Jaleos. Por lo tanto, nada de extraño tiene que durante los cuarenta primeros años del siglo XIX no encontremos el término “Soleares” y sí el de “Jaleo”, mientras estuvo supeditado al baile. Hasta que por el año 1850 adquiere naturaleza propia, debido a las interpretaciones personales. Y en esta misma línea de origen está el pensamiento de Fernando Quiñones, tal como podemos comprobar en su extraordinaria obra “De Cádiz y sus cantes, pág. 122 (Madrid, 1974). Nos resulta bastante extraño que Guillermo Nuñez de Prado, historiador de cantaores, no nos dijera, siquiera por la larga descripción que hace de las soleares ( siete páginas), el posible origen de este cante. A pesar de ello, hay que reconocer su exquisita concepción del cante por soleares, cuya síntesis es : “... La soleá es, quizá, la expresión más genuina y más acabada del alma popular de Andalucía, la que mejor y más completamente define y refleja el sentimiento popular de aquella hermosa región, como el pueblo andaluz, encerrando todos los sentimientos, rara vez llora, es demasiado altivo y orgulloso para llorar...”, cfr. “Cantaores andaluces”, pág. 127 (Universidad de Cádiz, 1987).
Por su parte, el escritor y flamencólogo José Manuel Caballero Bonald – cfr. “Luces y sombras del flamenco”, pág. 101 – haciendo alarde de investigación sobre el cante por soleá, nos ha dejado escrito lo siguiente: “... La soleá, tal vez el más rico y dinámico género flamenco, es un cante perfectamente adaptable al baile, cosa que se produjo de modo natural, a pesar de ciertas sujecciones a los escenarios, en las últimas décadas del siglo XIX. En cierto modo, la soleá regresó entonces a sus inciales formas de Jaleo y sirvió de pauta rítmica a otros varios cantes que también se acompasaron al baile posteriormente”. Me parece conveniente traer aquí la teoría del estudioso y guitarrista D. E. Pohren, quien – según notamos – también está de acuerdo en que las soleares se desarrollaron a partir de un cante ligero y alegre que servía básicamente para acompañar al baile y paulatinamente hacia la actual forma. Con estas consideraciones, llegamos a la conclusión generalizada de que la soleá tuvo sus inicios en otro cante bailable.
En las publicaciones del “Centro de Estudios Históricos Jerezanos”, 2ª Serie, número 20, bajo la denominación común de “LA CANCION ANDALUZA”, Antonio Losada Campos escribe lo siguiente: “... La soleá, en su forma más pura, es un cante de honda raigambre andaluza. Podemos decir que es un astro de primera magnitud en el cielo del cante flamenco, alrededor del cual giran una variedad de cantos menores, obedeciendo siempre a su atracción y dentro de su línea melódica. Su adopción por el canto gitano ha cambiado bastante su temática. No obstante esto, continúa siendo una de las más brillantes y bellas manifestaciones de la “lírica andaluza”. Su origen es una feliz creación del genio de Andalucía, obedeciendo, lo mismo que la generalidad de nuestro cante, a las distintas aportaciones que han coadyudado a su formación, ya béticas, indúes y bizantinas”, cfr. op. cit. pág. 37.
Para el poeta malagueño José Carlos de Luna – cfr. “De cante grande y cante chico”, pág. 31 (Madrid, 1926), al referirse a las soleares, escribe : “...Al hablar del Medio Polo ( cosa que se desconoce en qué consistía) quedaron en el telar las soleares. No es un cante en singular, sino en plural: las Soleares; indica que dentro del mismo “son”, y sin salirse de la pauta que la guitarra impone, puede cambiarse el cante modulándolo de maneras diferentes y haciendo que participe unas veces de la grandeza de la Caña, y otras de la graciosa inconsistencia de las Alegrías. Es un cante. Es el estilo que más acaricia el pueblo, porque traduce todos los estados del espíritu, porque calma, con su ritmo, todas las aspiraciones, todos los temores, todas las bravatas”. Para Carlos de Luna, las soleares son una mezcla de Caña y Algería. Y, en parte, no andaba muy descabellado conforme a la tradición histórica en la que van apareciendo los cantes. No es menos cierto que fijándonos en el aspecto musical de este estilo, no hay inconveniente alguno en “pasar” de la soleá a la caña y viceversa. La caña y la soleá llevan la misma estructura musical, incluso no hay miedo en afirmar que la soleá era la antigua caña. En la actualidad estos cantes se interpretan con mayor vivencia y armonía. Incluso hay cantaores que, para “templarse” en la soleá, ofrecen unas pinceladas por el Polo o la Caña.
Sinceramente: es muy difícil hablar con originalidad en los cantes flamencos. Mi experiencia cantaora me ha llevado a pronunciarme sobre el “ posible origen” de la soleá. Siempre digo “posible origen”, dado que no tenemos certeza de la raíz primera de nuestros cantes. Para mí, lo importante de este estilo radica en su aspecto musical. Creo que lo musical fue lo que en verdad engendró el “cante por soleá”. Y esta teoría está incluso de acuerdo con la que sostienen Ricardo Molina y Antonio Mairena en “Mundo y formas del cante flamenco”, pág. 211, así como en “Obra flamenca”.
¿Cómo, pues, podemos conocer la aparición de este cante al árbol flamenco?. Es un misterio, uno de tantos que tiene el arte flamenco. Cabe también esta otra pregunta: ¿Cómo podemos saber que las soleares arrastraron – según muchos flamencólogos -al Polo, Caña, Cantiñas..., si la fuente más antigua de los cantes y bailes andaluces la encontramos en las “Escenas andaluzas” de Estébanez Calderón, el cual no menciona a las soleares? En cambio, sí nos habla del Polo, la Caña, Serrana, Peteneras, Granaínas, Javeras , etc....
El escaso conocimiento que tenemos de los cantes – aspectos históricos y literarios – es debido, sin duda, a la poca atención que le prestaron los escritores. Incluso en el 1881 - cfr. “CANDIL”, num. 18 – Roque Barcia publicaba que “... hoy priva, extraordinariamente, en el gusto público un estilo flamenco, que viene a ser la germanía de la música y que durará muy poco, puesto que se prodiga mucho. Es muy posible que cuando pase el estilo, la noble música española no tenga más que un recuerdo triste...”. Pero el Sr. Barcia se equivocó totalmente, ya que en el último cuarto del siglo XIX reinará en toda España un fuerte y arraigado “flamenquismo”que luchará precisamente contra el “antiflamenquismo” de ciertos autores considerados lo más representativo de la literatura nacional. Y porque, además, la ¿noble música? del pueblo español se nutrirá de la hermosa y sublime música del cante cante jondo. No es una simple vanagloria ni fortuita presunción, pero el flamenco es, para mí, la música más auténtica y honda de las andaluzas, y la que no se avergüenza de sus humildes orígenes.Y uno de los estilos más representativos es precisamenente la Soleá, reina del cante jondo, “por su relampagueante belleza y por su brevedad” como la consideró el insigne arabista don Emilio García Gómez. |
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