Soleá 7 Parte | Soleares 7 Parte |
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| escrito por Alfredo Arrebola | |
| lunes, 10 de diciembre de 2007 | |
Una de las notas más características y sobresalientes de las soleares es, sin duda, su variada gama o clases. Desde siempre se ha dicho que las soleares son el cante de mayor flexibilidad; histórica y musicalmente se han comportado así. Tal vez, por esta cualidad se viene afirmando que las soleares son “el cantar del pueblo andaluz”. Aprovecho la ocasión para decir, en contra de muchos flamencólogos, que lo correcto es hablar de “las soleares” y no de “la soleá”, porque la pluralidad, tal como escribe Ricardo Molina en “Mundo y formas del cante flamenco”, pág. 107, no es en ellas “accidente” sino “esencia”. Es decir: no existe, propiamente, la soleá; existen las soleares. Este hecho lo he podido comprobar en los pueblos andaluces viendo y observando la manera especial de interpretar este cante. Aún más: creo que la pluralidad de este cantar es la del mismo hombre andaluz. Es lógico, por otra parte, pensar que los cantes, sean los que sean, han sido forjados por los habitantes de una determinada localidad y que en ella adquirieron un aire inconfundible, y que estas personas tuvieron nombres y apellidos, en la mayoría de los casos sepultados en la cuneta del olvido. Y lo que les ocurre a las malagueñas (vernáculas, perotas y foráneas) o a las seguiriyas (de Cádiz, Jerez, Los Puertos, etc.) le sucede al complejo mundo de las soleares. En las soleares, escribe Manuel cano en “La guitarra. Historia, Estudios y Aportaciones al Arte Flamenco”, pág. 143 (Granada, 1991), es donde más se aprecia esa forma que definiríamos como de “intuición flamenca del guitarrista”, que dentro de esta justa medida busca en cada acompañamiento un ritmo que, marcando las distintas estrofas cantables sepa dar en cada estilo la perfecta velocidad y el justo silencio necesario al esfuerzo de la voz cantaora que ha de completar una frase medida”. Y ésta es, sin la menor duda, la razón de su universalidad, gracias a la gran aportación creativa que ha configurado, dentro de una misma métrica, la gran variedad de formas y estilos que, han ido acoplándose al ritmo constante y medido de la guitarra. Asimismo, podemos observar cómo las soleares van recorriendo, como el fandango, diferentes centro de la geografía flamenca andaluza, para después tomar nombre propio. Pero tampoco se puede olvidar, como toda la creación flamenca, que el título local lo ha impuesto siempre la creación personal del artista ubicado en él, lo que nos lleva a admitir que el cantaor flamenco es, por naturaleza, un auténtico músico. Esto nos confirma que cada cante, enraizado con una localidad, ha sido difundido como tal gracias a la creación y al nombre de un artista flamenco que lo hace pasar a la historia, tal como leemos en el tratado del Profesor Manuel Cano (cfr. op.cit. pág. 144).
Llevado, pues, por esta circunstancia he creído conveniente ofrecer una brevísima radiografía de las notas más destacables de cada estilo de soleares. Es verdad, asimismo, que en todas las ciudades andaluzas hay “cantos de soledades”, pero la “soleá flamenca o gitana” solamente se da en determinados lugares de Andalucía. Ahora bien, entre estos lugares cabe destacar, por su antigüedad y sabor, a Sevilla; concretamente a Triana, que fue donde se desarrolló el cante en su mayor esplendor. Esta es, por tanto, la razón de que se hable sobre el panorama geográfico de las soleares.
1.- TRIANA. Es sumamente imposible dar cumplida cuenta de lo que Triana ha sido en el cante por soleá, pero más difícil aún nos resulta poner las cosas en su sitio, dadas las diferentes opiniones en torno a su formación y evolución. Tal es así que hay quien afirma que su variedad sobrepasa el número de cuarenta estilos. El flamencólogo Juan Rondón cuenta que Rafael Pareja conocía 54 soleares distintas, y algo parecido afirmaba el cantaor sevillano Manuel Oliver. Antonio Mairena asegura que hay muchas más. Es posible que un análisis metódico, escribe Pepa Sánchez Garrido en “Cantes y Cantaores de Triana”, pág. 61 (Sevilla, 2004), de lo que hay grabado permitiría superar con holgura dichas cifras. Esto puede afirmarse sólo desde un punto de vista estrictamente musicológico, pero lo cierto es que la mayoría son variaciones unas de otras y que el asunto puede simplificarse más. Como cantaor, puedo afirmar que es bien claro, evidente y apodíctico que su tradición solearera es extraordinariamente rica, ya que no se puede olvidar que Sevilla (aquí, Triana) recibió influencia de cantaores procedentes de Cádiz y Los Puertos, como sucedió en el campo de las seguiriyas. En esta misma línea está el pensamiento de los flamencólogos Luís y Ramón Soler, quienes escriben: “… La escuela trianera, cfr. “Mairena en el mundo de la seguiriya y la soleá”, pág. 297 (Málaga, 1992), es la más rica en estilos de soleares. Nada menos que 42 se han localizado en la muestra. Junto a las de Cádiz y Utrera son quizás las más antiguas. Las soleares de Triana se caracterizan por tener una gran riqueza melódica, juegos de tonos altos y bajos y, en algunas variantes, por estar bastante libres de compás”. En lo referente al compás, no puedo estar de acuerdo, ya que una soleá se define por un compás específico y propio que la especifica como tal y al cual está sometida la melodía; y como cantaor, diría que si las soleares de Triana no estuvieran sujetas al compás de amalgama, propio de la soleá, no podríamos llamarlas así.
A fuerza de resumir lo más posible, ofreceré el nombre de cantaores que han hecho historia en la “Soleá de Triana”. Cabría nombrar, en primer lugar, al Fillo creador de dos estilos grabados por Paco Montilla (en viejos cilindros de cera) y Juan Breva, la forma del veleño dio origen a otros estilos de Triana y de Utrera, tales los de Cagancho y Mercedes la Serneta. A La Andonda (siglo XIX) se le atribuyen tres estilos de soleá, que fueron recogidos y grabados (1907) por Paca Aguilera (1877-1913); la cantaora rondeña se convirtió en su mayor divulgadora. Y tal fue así que La Rubia (ss XIX-XX) grabó los estilos de La Andonda con el título de “Soleares estilo Paca Aguilera”.
A Silverio, gran cultivador y recreador de muchos cantes, se le atribuyen dos estilos, ambos en la órbita de las llamadas, actualmente, “Soleares apolás”, que han originado múltiples versiones. Este tipo de soleá ha sido llamado por otros muchos autores como “Soleá petenera”. Mercedes la Serneta (1834 -1912), además de los aires utreranos, se le atribuyen otros estilos trianeros, divulgados por don Antonio Chacón. Recordemos – cómo no – a Ramón el Ollero, creador de varios estilos y precursor de la escuela cordobesa de soleares y, asimismo, los nombres de Lorente, Noriega, Señor Manuel Cagancho, Antonio Silva “El Portugués”, Ribalta, José Iyanda, El Sordillo, Pepe el de la Matrona, Emilio Abadía, Rafael Moreno…, y de manera especial el nombre de Antonio Mairena, el más profundo investigador sin duda que ha dado el flamenco, como puede comprobarse en su “Triana, raíz de cante” (Madrid, 1973), donde se ve un amplio muestrario de cantes trianeros por soleá. |
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