8 Soleá de Alcalá | Soleares 8 Parte |
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| escrito por Alfredo Arrebola | |
| miércoles, 26 de diciembre de 2007 | |
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ALCALA:
Hace ya tiempo tuve la suerte de adquirir un disco Cedé, cuyo título no me sorprendió en modo alguno sino que me llenó de alegría y, al mismo tiempo, de estímulo: “Diego Clavel por Soleá” (Madrid, 2005). Porque me parece que nadie, salvo Antonio Mairena, se ha atrevido a realizar un trabajo tan amplio y exclusivo sobre el “Cante por Soleá”, columna vertebral del flamenco. Y es digno de alabanza, mi viejo y fiel amigo Diego, precisamente en una época en la que se impone lo vulgar, lo comercial y lo adulterado. El cantaor de La Puebla de Cazalla (Sevilla) hace mucho hincapié en la modalidad que vamos a comentar: Soleares de Alcalá, tierra de peculiar sentir en la cultura andaluza. Alcalá de Guadaira (Sevilla), la antigua Hienippa, es el santuario de los más difíciles tercios soleareros, emplazada en los Alcores, y en la orilla derecha de río Guadaira y - ¡como no! – su “Castillito de Alcalá” que llevaría a don Antonio Mairena a dejarnos para siempre un típico cante de esta tierra:
La soleá aparece siempre por todos los rincones alcalareños, y la llevarán a flor de labios, aparte de Joaquín, su máximo representante, Manolito de María y los Tinocos; La Roezna y su hijo Juan Barcelona, Manolo Heredia, Luís Medina “El Curilla”, Luís el Piñonero, El Bizquito de Alcalá, El Platero de Alcalá – competidor por la “Llave de Oro” (Córdoba, 1962), y, como colofón, dos nombres que figuran en los anaqueles históricos del flamenco: Antonio Pérez Guerrero “El Sevillano” y Bernardo el de los Lobitos; y en la mente de la buena afición están presentes los nombres ilustres de Agustín Talega y su hijo Juan Talega (1891- 1971), Tomás Pavón (1893 -1952), Joselero de Morón (1910 -1985) y de manera especial resplandece el nombre de Antonio Mairena (1909 – 1983), quien nos ha dejado las mejores páginas acerca del desarrollo histórico y musical del cante por “Soleares de Alcalá”.
Parece ser que el “cante de Alcalá”, como hoy se le llama, era ya una realidad específica dentro del cante gitano-andaluz, incluso antes que estos cantes tomaran el nombre de “flamencos”. Cantes, por supuesto, eminentemente bailables; más tarde se transformarían en “cantes para escuchar”. Ahora bien, para conocer, dentro de las posibilidades que la Flamencología ofrece, los orígenes de esta modalidad soleaera, no podemos olvidar que los cantes, en cierta medida, son producto de los elementos geográficos y determinadas razones antropológicas. El elemento geográfico e histórico está muy presente en Alcalá, ya que ésta tiene una rica historia anterior y posterior a la misma Reconquista: los árabes dejaron en ella un hermoso alcázar, hoy castillo de Alcalá; su río, su vegetación y sus tierras hacían de Alcalá un lugar muy apetecible para la gitanería llegada en el siglo XV. Parece ser, en opinión de Antonio Mairena, que la famosa feria de Mairena del Alcor - creada en el siglo XV (1441) - fue motivo para que los gitanos de Triana acudieran a Alcalá y, preferentemente, los alrededores de su castillo, donde ya existían muchos refugios y cuevas, un caudaloso río cercano y vegetación en abundancia, lo que atraía a los feriantes gitanos.
Es de suponer, afirma el “Maestro de los Alcores”, que en Alcalá se asentasen algunas familias gitanas de las que primeramente entraran en España, algo que sucedió en todos los pueblos de la periferia sevillana; pero de lo que no nos quedan dudas, es que la feria de Mairena será la llamada, la invocación, a todo elemento que cantara, bailara, o buscara medios económicos por tales procedimientos, que le cubrirían algunos meses de su vida. Así – creemos – fuera durante muchos años a dicha feria todo el tragín festero de Triana, las buñoleras y toda clase de vendedores gitanos. Sobre la base de este cúmulo de influencias se introdujo en Alcalá una levadura trianera. Así, lo que en un principio fue una nebulosa, poco a poco, fue floreciendo entre aquellos gitanos que se afincaron en Alcalá, poseedores de la “Razón Incorpórea” como única sustancia vital, levadura propia que produjo de forma natural un cante por soleá de algo que primitivamente no tenía otro efecto que el baile. Este, a mi parecer, fue el comienzo del cante por soleá de Alcalá”, cfr. “Apuntes para la historia y evolución del cante por soleá de Alcalá de Guadaira. Reproducido en la Revista “Candil”, num. 23, pág. 65. Septiembre-Octubre 1982.
Es lógico pensar que este cante, a través del tiempo, iría impregnándose de todos aquellos elementos naturales que determinan y especifican a un pueblo: hospitalidad, medio ambiente, costumbres, gastronomía, etc. Todos esos elementos se coaligarían con el gitano alcalareño que llegó a transformar un cante de especiales connotaciones: “SOLEA DE ALCALA”. Pero no debemos olvidar otro factor, admitido por los críticos, en la forja de este cante, cual ha sido la industria del pan; “algo – dice el sabio de Mairena – que hizo cambiar durante algún tiempo el nombre de Acalá de Guadaira por el de Alcalá de los Panaderos. Las gentes que se dedicaban a este floreciente negocio gastaban fácilmente su dinero en festines y gustaban de fiestas con los gitanos, tanto en Alcalá como en el mismo Triana o Sevilla, por lo que se hicieron famosos y yo puedo dar cuenta de ello, así como por su protección a todos los gitanos alcalareños, beneficiados de su rumbo y generosidad en las fiestas flamencas, cfr. op. cit, pág. 67.
Por tanto, se puede decir que no hay error alguno en que fue la levadura de Triana el origen primario del cante alcalareño en toda su gama de soleares, siendo el número de ellas comparable al de Triana y muy superior a los demás centros de cante. Según los estudiosos Luís Soler Guevara y Ramón Soler Diaz – cfr. “Antonio Mairena en el mundo de la seguiriya y la soleá”, pág. 255 (Málaga, 1992) - han localizado doce variantes de soleá ubicadas en Alcalá y dos en la vecina Marchena, donde se ha conservado su primitivo ritmo bailable, gracias a La Jilica de Marchena – María del Carmen Reyes Torres, 1866- 1950? – que nos dejó – según la tradición – dos soleares bailables de sabor marchenero.
Como reflexión final, quisiera ser portavoz del inmortal Antonio Mairena, el primer Hijo Predilecto de Andalucía, cuando afirma que “merece la pena hacer un esfuerzo para su conservación pura, ya que expresa el melancólico y dulce sabor del gitano alcalareño, junto al encanto de su inigualable geografía, sus aires y sabores más peculiares y hasta divinas alabanzas a su santísima Virgen del Águila, patrona de la ciudad”, cfr. op. cit. pág. 68. No olvidemos que mantener la ortodoxia y pureza de los cantes, “ya hechos”, es signo claro y evidente de suprema responsabilidad artística y cultural. Desgraciadamente, desde hace ya tiempo, no viene ocurriendo así. |
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