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Los verdiales 2 parte E-Mail
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escrito por Alfredo Arrebola   
ALFREDO ARREBOLA SANCHEZ

VERDIALES 2 PARTE

ANDALUCIA  EN   SUS  CANTES

Alfredo  Arrebola, Profesor –Cantaor (Villanueva  Mesía-Granada)

 

¡Ay, pueblo de los Verdiales!

¡Quién  te  pudiera traer

Metido en la faltriquera,

Como un pliego de papel!.

¡Viva Málaga, mi tierra!

¡Yo soy de la  Trinidad,

El Huerto de los  Claveles

Y el puente de Tetuán!.

Dadas las facilidades de grabación y emisión  musicales, el producto musical se ha convertido en un artículo  de primera necesidad. Causa pena ver cómo las asignaturas de “Música y Folklore” están  un poco arrinconadas en los programas educativos, fundamento básico en la formación social, política y cultural de los alumnos. No obstante, en Andalucía – desde un tiempo acá- se está despertando el estudio y vocación de los docentes por la música y – a la verdad – por la llamada “música popular”. Lo que es bien  comprensible, teniendo en cuenta la “sensibilidad  musical” del pueblo andaluz; el malagueño, sin duda, lo ha desarrollado  en  gran medida: existen  más que suficientes pruebas históricas, literarias y musicales. Una de esas formas ha sido, precisamente, los Verdiales.

La pasión que sentía el verdialero la fue transmitiendo a sus hijos, ya  que resultaba  difícil en aquellos primeros tiempos; no había  más  remedio que  aprenderlo todo “de oído”. Porque en tiempos pasados, es común y notorio, no existían los Conservatorios, ni Academias para aprender las distintas formas de tocar, cantar y bailar los verdiales. No obstante, hay que manifestar, para gloria y honra de estos hombres, que el auténtico verdialero, es decir, el puro y tradicional “fiestero”, llevaba en su sangre la música del verdial y  sabía transmitirla de forma natural y sencilla. Afortunadamente, hoy  existen academias, incluso gratuitas, para el aprendizaje de los verdiales: tocar, cantar y bailar.

Sería imposible negar que Málaga ha sido un pueblo – como cualquier otro andaluz – que ha expresado sus sentimientos a través de la poesía y la música: dos  naturales manifestaciones íntimamente enlazadas. Un análisis socioantropológico nos hace ver que el andaluz posiblemente no podría “vivir” sin la música, aunque él no la comprenda en toda  su  plena extensión. No importa: la música es más vivencial que intelectual. El  andaluz se sirve de ella hasta para rezar a la divinidad, “ser trascendente y supremo” y, además, razón última de su existir. Ahora bien, ¿quién puede negar que uno de los aspectos de los verdiales  sea  precisamente el religioso?. El pueblo andaluz sabe comprender, por pura intuición, la importancia que tiene la música en la vida religiosa haciendo suya la frase de  san Agustín: “bis orat qui bene psallit” (= reza dos veces quien bien canta). No es ninguna petulancia, después de cinco años consecutivos de estudios teológicos, afirmar  que la  Sagrada  Escritura (Biblia) no es más que un canto  de alabanza y perdón a Yhavé, que siempre estaba dispuesto a perdonar a su pueblo preferido (Israel). Y en forma paralela, no se puede dejar a un lado la “espiritualidad y religiosidad”  del pueblo andaluz, quien  la  manifiesta públicamente, de manera especial, durante  los días de Navidad  y  Semana Santa, Romerías, etc. Como también la Historia nos enseña que todas las religiones del mundo se han servido de la música en sus  actos litúrgicos más importantes. La religiosidad, aunque sea de una manera “sui géneris”, está perfectamente evidenciada en losVerdiales.

La música, a su vez, puede  llegar  a hacerse filosofía en la mente del hombre pensante. Por eso no es extraño que los más célebres filósofos y matemáticos nos hayan ofrecido profundos y delicados pensamientos sobre qué  se entiende por música. Y es fácil, asimismo, ver y  admitir  una cierta “filosofía natural”, un “modus vivendi”, en las múltiples y variadas coplasverdialeras. Y  no menos convencido estoy de que la música es “inherente” al ser humano, como lo es la libertad, y, al mismo tiempo, “inmanente”, puesto que, aún olvidándose, permanece siempre en él. Y tiene, además, la capacidad para hablarnos de diferentes y variados modos: trayéndonos recuerdos a la memoria, emociones al  corazón e impresiones a nuestra sensibilidad. El  poeta  irlandés Oscar Wilde (1856 -1900) estuvo muy acertado diciendo que  la música “es el arte que más cerca se halla de las lágrimas y de los recuerdos”.

Pero ahora, viene bien hacernos  esta pregunta: ¿Por qué esa perseverante constancia musical de los Verdiales?. La respuesta, según mi criterio, la veo  sencilla: porque está demostrado que el mensaje musical puede no sólo tonificar, sino ennoblecer nuestro espíritu, mejorando así al individuo y a la sociedad: MUSICOTERAPIA. Por tanto, el mito órfico tiene mucho de verdad. Y una vez más, acudimos al santo obispo de Hipona porque nos dirá que “…la música es unsuperlenguaje. El que está alegre no admite palabras, sino sonidos de alegría”. “Sonidos negros”, que más tarde diría aquel genio del cante jerezano, Manuel Torre (1878-1933). Para mí – así me lo dice la voz de la experiencia – la música que reflejan y expresan los Verdiales es un verdadero y auténtico “superlenguaje”; prueba de ello es que la “copla” no es lo más importante, sino su expresión musical y  el baile. El cantaor – se dice – estará en un segundo  plano. Aún más: la sabiduría musical de un poema del inmortal Federico García  Lorca.

Digno de admirar es  la  sencillez  y  naturalidad  que  conllevan las manifestaciones externas de los Verdiales, que son capaces de “hacer saltar” (el “psallit” agustiniano) al más insensible. Y creo que nunca se podría encontrar una mejor aplicación del significado etimológico del verbo latino “Psallere”/JALLO (griego), como es “saltar, danzar de alegría” cuando lo  aplicamos a los Verdiales, una de las manifestaciones folklóricas, sin la menor duda, más antiguas del mundo mediterráneo, y origen del llamado “Cante malagueño”.

Los Verdiales, lo digo con la mayor objetividad posible, son una especie de monumento arcaico-musical, una gruesa joya del patrimonio cultural malagueño…, o más en concreto, una sagrada reliquia malagueña de remotísimas épocas mediterráneas, a las que, en el caso de los Verdiales, remiten en directo tanto la música como los sombreretes de flores, y la vinculación de la fiesta de los verdiales a la no menos remotísima religión de los cultos al sol, como afirma el poeta y dramaturgo Miguel Romero Esteo en su “Historia y musicología de los verdiales”, pág. 9. Ediciones “Area de Cultura y Educación” de la Diputación de Málaga, 1994.

Leer el siguiente artículo del estudio de los verdiales

 

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