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escrito por Alfredo Arrebola   

MARTINETES

Desgrasiao de aquel que vive

Y come pan de mano ajena,

¡Siempre mirando a la cara

Si la pone mala o güena!.

Aquel que diga que no,

Que mis penas no son ná,

Aunque sea por un momento,

Que se ponga en mi lugar.

Siempre que se hable del Martinete, hay que hacerlo en referencia a las Tonás, dado que el “Cante por Martinete” no es más que una forma de Toná. Así de simple. Me van a permitir que en este artículo haga sólo una breve exposición didáctica de este difícil estilo flamenco, ya que será en el apartado de las Tonás donde expondré un estudio completo, esto es, en sus aspectos etimológicos, históricos, literarios y musicales de las Tonás.

Nominalmente visto, el término “martinete” es de origen incierto, no obstante todas las hipótesis apuntan siempre a la fragua o la herrería. Se llamó así, en plural, a los fuelles gemelos que se empleaban en las fraguas, incluso a las mismas fraguas, las cuales tomaron a su vez el nombre de las herrerías en las que el martillo pilón, llamado también “martinete”, bate los lingotes de algunos metales antes de darle forma definitiva. En esta misma línea está le tesis del “Diccionario Enciclopédico Ilustrado del Flamenco”, pág. 470,T.II ( Madrid, 1988). Y así también lo concibió José Carlos de Luna , al afirmar “Cante clásico de gitanos andaluces es el Martinete. Parece tener su origen en la fragua, a cuyo acompasado trabajo ciñe su ritmo”, cfr. “De cante grande y cante chico, pág. 45 (Madrid,1926).

Desde el punto de visto histórico, se habla siempre de Tonás; más tarde el término fue sustituído por de Carceleras, y después por el de Martinetes. Sin embargo, hay que decir que Carceleras y Martinetes son simplemente modalidades de las Tonás. No se olvide que arte flamenco no ha sido objeto de estudio serio y objetivo hasta que no llegó el Concurso de Granada (1922), a pesar de sus insuficiencias. Desde hace unos años, ha cambiado totalmente la orientación analítica del flamenco.Y para bien, afortunadamente.

El primero que nos habla de martinetes fue don Antonio Machado y Álvarez “Demófilo” en el prólogo que puso a su “Colección de cantes flamencos” (Sevilla,1881).Efectivamente: podemos comprobar que en otro tiempo era indiferente llamar “martinetes o carceleras” a estos cantes.El propio Demófilo nos lo atestigua: “Los Martinetes o Carceleras- cfr. Op. cit. pág.18 (Madrid, 1974)-, llamadas de ambos modos, según unos, porque se cantan al son de martillos en las fraguas, y según otros, por ser propios de presidiarios, son también coplas de cuatro versos octosílabos romanceados, como los de las malagueñas, rondeñas, polo, caña, etc., y por lo general forman trovos”, cuyo asunto es el llorar, mejor que cantar, las fatigas, los trabajos, y los tormentos y durísimos castigos que pasan los pobres presos, condenados a cadena y a otras penas análogas”. En estas coplas, más que en las seguidillas, se usan vocablos del dialecto gitano…”.

Musicalmente es difícil encontrar diferencias entre los martinetes y las carceleras.Sí está comprobado que la carcelera fue siempre una toná referida a la cárcel. También podemos añadir que la cercelera ha constituido un grupo especial de saeta: “Saeta por Carcelera”, diferente a la “Saeta por seguiriyas” y a la “Saeta por martinete”. Sin embargo, el tema de la cárcel – afirma Ricardo Molina – no es privativo de la carcelera, sino común a las tonás en general. Puede ser que, en algún tiempo, se llamaran carceleras a las tonás, en función de la temática de sus letras, pero sin implicar una “forma especial” del cante. También los cantaores modernos acostumbran llamar martinetes a las tonás. Tanto es así que en el “Concurso Nacional de Cante”, celebrado en Jerez de la Frontera (1962), aparecía el nombre genérico de “Martinetes” a todo el grupo de las tonás.

Muchos han intentado buscar los posibles orígenes del Martinete. Felipe Pedrel buceó inútilmente entre los antiguos cánticos de las sinagogas hebreas; otros se han perdido investigando sobre las marañas de los motivos islámicos. El Profesor García Matos quiso buscar sus orígenes por Extremadura y Salamanca, intentando darle raíz auténticamente hispana. Pienso que lo más probable es que este cante apareciera por las herrerías de Triana o, como quieren algunos, por la fragua de los Montoya en Málaga. En una palabra: ignoramos su verdadero y auténtico origen.

El Martinete es un cante extremadamente difícil de interpretar bien, ya que se requiere una gran capacidad física y emocional. El martinete - hablo como cantaor- es una toná que puede emular tranquilamente a la misma Debla. Y pocos cantes hay tan desgarrados y exigentes como él. La tradición flamenca nos dice que el martinete se cantaba después de una “tanda” de seguiriyas, lo que dió origen a considerar que el martinete derivara de las seguiriyas. Es la seguiriya, en su forma de “cambio”, la que precisamente nos evoca y recuerda no sólo al martinete sino a la toná. Hay quien piensa que el nombre “martinete” procede del compás que se hacía con el martillo en las herrerías. Mi experiencia entre las familias gitanas me dice que eso es una pura invención.Lo he comprobado: nadie podría cantar un martinete al tiempo que levanta un pesado martillo; se trata, pues, de puras leyendas flamencas.Sin embargo, esto sí es verdad: el martinete es una de las tonás más difíciles, ya que no lleva compás, sino que se canta “ad libitum”, es decir, “cante libre”.Y se admiten dos formas: Natural y Redoblao, según su mayor o menor complicación y amplitud de tercios.Y como no lleva el acompañamiento de la guitarra, es por lo que se denomina “Cante a palo seco”. De ordinario, no se baila. Fue Antonio, el famoso bailaor sevillano, el primero en ponerle coreografía y baile.