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Campanilleros E-Mail
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escrito por Alfredo Arrebola   

Manuel Torre Cantaor de Jerez de la Frontera

Se encontraba la Virgen María

En el oratorio haciendo oración,

Por la puerta se le ha entrado un ángel

Vestido de blanco, que parece un sol.

Dios te salve, le dijo: María,

Llena eres de gracia a los ojos de Dios

Y bendita tú entre las mujeres

Y bendito el fruto de tu Encarnación.-

Y María, cumplida de gozo,

Le responde al ángel llena de rubor:

Soy la esclava de Dios en la tierra

Y hágase en mí el Hijo de Nuestro Señor.

Nazarena María levanta

Que ya dio la una y ya son las dos,

A rezarle al Rey de los Cielos

Y a darle las gracias por el Redentor

(A. Arrebola en “Raíces de los cantes flamencos”,Vol. I; Cara A,2.Málaga,1989.Texto: Antonio Murciano).

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Debla E-Mail
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escrito por Alfredo Arrebola   

Debla

En el barrio de Triana

Ya no hay pluma ni tintero

Para escribirle a mi madre

Que hace tres años que no la veo.

Deblica barea.......

Yo no juzgo, simplemente afirmo: Uno de los cantes que mayores dificultades ofrecen, sobre todo en su aspecto etimológico, es, sin la menor duda, la toná llamada Debla. Varias son las causas que nos llevan a esta situación de ignorancia. Pero todo se puede arreglar, o, al menos, ofrecer vías que proporcionen cierta confianza. El gran flamencólogo y musicólogo Hipólito Rossy, en su libro “Teoría del cante jondo”, pág. 152 (Barcelona, 1966), ya nos dejó dicho que “...hasta ahora, nadie ha podido ofrecer su verdadero origen. ¿Qué espíritu tan exquisito, tan refinado, pudo ser el autor de una canción tan bella? Porque esto no es obra de la casualidad, ni de un palurdo cualquiera. Su autor tuvo que ser un gran músico; y no lo hizo espontáneamente, sino de un modo cerebral, premeditado, sabiendo que bordeaba tonalidades afines sin llegar a modular, recreándose en insinuarlas para obtener bellos contrastes; y, además, gozar de una potente voz, un pecho recio, y haber vivido y sufrido mucho. Como el hombre que refleja la copla:

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Cabales E-Mail
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escrito por Alfredo Arrebola   

Cabales

Silverio Franconetti por Capuletti

Desde la Polverita

Hasta Santiago,

Las fatiguitas de la muerte

Me “arrodearon”.

No digas que no;

Que tú has sido la culpa

De mi perdición (Cabales. Antonio El Chaqueta en “Antología del Cante Flamenco”.Hispavox, 1958).

Este artículo, está basado como todos en fuentes histórico-literarias. Lo explicaré, por tanto, como si estuviera dando una charla-recital. Pues bien, en el mundo flamenco el término “cabal” y “cabal/cabales” puede emplearse como adjetivo y como sustantivo. Como adjetivo, se dice del aficionado al cante que conoce y matiza perfectamente los diferentes estilos, ya que percibe con facilidad los aciertos y los fallos del cantaor a quien puede juzgar con posibilidad de no equivocarse y, además, escucha el cante sin otro fin que gozar de sus valores estéticos, musicales y emocionales. Tomado el término como sustantivo/nombre, la Cabal no es más que una variante de la seguiriya, que se canta como “cambio/remate” del citado estilo. Musicalmente responde al compás alterno de la seguiriya, pero con un modo tonal mayor. Cabal significa exactamente “medida exacta, justa, completa”. La Cabal, en sus variadas formas, representa un alarde de saber cantar y dominar los distintos estilos seguiriyeros. Y si la imaginación poética ha sido siempre un tanto fugaz y ligera en el flamenco, en el llamado cante de “Las Cabales” ha sido terreno propicio sobre la manera, digamos, de “rematar” o simplemente interpretar una seguiriya. Por ello, muchas han sido las opiniones de los teóricos para explicar, lo más correcto posible, las Cabales. Hay quien para definir la perfección de una melodía flamenca, se expresa diciendo: ”Esto está cabal”; también ésta otra: “estamos los cabales”, ”el cante es de cabales”, etc.

 
Cantiñas E-Mail
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escrito por Alfredo Arrebola   
Cádiz la niña de España

Cantiñas

De Sanlúcar hasta el Puerto

Hay un carrí

Que lo han jecho Las Mirris

De ir y venir.

La Mirra Chica

Y la Mirra Grande

Estaban jechas

De azúcar cande.

Por el castillo

Las Mirris bajan

En zagalejillo.

Don José Ortega y Gasset (1883-1955) afirmaba, refiriéndose a los griegos, que quedaba mucho por hablar de ellos todavía; sin embargo, por otra parte, era necesario deshablar casi todo lo dicho hasta entonces sobre el tema (cfr. “Obras Completas”. Madrid, 1933). La afirmación del famoso filósofo madrileño me ha llevado a mí, Cantaor e Investigador, a una seria reflexión sobre una de las más ricas, alegres y vivaces formas del cante flamenco: Las Cantiñas. Porque, a la verdad, ¿qué son propiamente las cantiñas, sino un complejo mundo de estilos – Alegrías, Romeras, Rosas, Mirabrá, Caracoles, Cantiña, etc.- que tiene una misma estructura musical, pero diferente concepción melódica en la voz del intérprete? Ya el mismo Demófilo – don Antonio Machado Alvarez (1846-1893) – identificaba Alegrías, Cantiñas o Juguetillos “... capaces de hacer resucitar un muerto y hacerlo tomar los palillos para bailar y levantar el ánimo de profundo estado de tristeza en que lo sumerjen un polo o una seguidilla gitana bien cantadas”, cfr.“Colección de cantes flamencos” (Madrid, 1975), “Prólogo”, pág. 12. Y nadie que conozca un poco el mundo flamenco podría negar que Cádiz es, por naturaleza propia, la gracia personificada, y una de las provincias más flamencas de Andalucía. Cádiz ha sido la puerta por la que han entrado múltiples formas musicales que se transformaron, por obra y gracia de sus hijos, en las más rancias formas o estilos flamencos.

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Carceleras E-Mail
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escrito por Alfredo Arrebola   

Carceleras

Veinticinco calabozos

Tiene la cárcel de Utrera.

Veinticuatro he recorrido

Y el más oscuro me queda.

 

Ya van tres días que no como

Más que lágrimas y pan;

Estos son los alimentos

Que mis carceleros me dan.

 

La historia del arte flamenco está configurada de una forma tal, que puede volver loco a cualquiera. Por eso no me cansaré de repetir que al mundo flamenco hay que acercarse con la mayor humildad posible. Porque es un arte que, por suerte o por desgracia, tiene que recurrir demasiado al llamado “argumento de tradición oral”. Y este es precisamente el caso de esta variedad flamenca: La Carcelera. Muy pocos datos tenemos sobre esta modalidad cantaora. Y máxime teniendo en cuenta que el mismo Demófilo en su “Colección de cantes flamencos” (Sevilla, 1881) ya nos lleva directamente a la propia confusión o, si se quiere, a la duda, cuando en su introducción nos dice que “Los MARTINETES o CARCELERAS”, llamadas de ambos modos, según unos, porque se cantan al son de los martillos en la fragua, y según otros, por ser propios de los presidiarios, son también coplas de cuatro versos octosílabos, como los de la Malagueña, Rondeña, Polo, Caña, etc. y, por lo general, forman trovos, cuyo asunto es el llorar, mejor que cantar, las fatigas, trabajos, y los tormentos y durísimos castigos que pasan los pobres presos, condenados a cadena y a otras penas análogas.

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