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escrito por Alfredo Arrebola   

Quien te puso Petenera

No supo darte nombre,

Que debía haberte puesto

La perdición de los hombres.

¿Dónde vas, bella judía,

tan compuesta y a deshora?

Voy en busca de Rebeco

Que estará en la Sinagoga.-

Desde siempre he tenido por norma, cuando actúo en cualquier festival flamenco, no repetir cantes interpretados por mis compañeros. Es, cómo no, una forma de mi “ser artístico”, gracias al amplio abanico de estilos que posee el frondoso árbol flamenco. Y algo semejante sucede con mis artículos, aunque lógicamente éstos son más subjetivos en el análisis y expresión literaria. Sirvan, pues, estas palabras como justificación de seguir la línea ya trazada en la exposición histórica, literaria y musical de cada uno de los “palos del flamenco”.Es cierto: algunos lectores me pidieron, tiempo ha, que les explicara algo sobre la Petenera; no pude satisfacer su deseo que ahora precisamente cumplo. Si fuere así,¡vaya por ellos!. Expondré, por tanto, la trayectoria histórico-musical del cante de “La Pete”, como se la conoce en el mundillo flamenco, tema del que se ha hecho más literatura que de ninguna otra forma flamenca, y uno de los llamados a ser – como ya dijera Romualdo Molina –cfr. “Flamenco de Ida y Vuelta”, pág.99 ( Madrid, 1991) “piedra de escándalo y motivo de contradicción. Para disfrute de irónicos, se resiste a encajar en cualquiera de las numerosas clasificaciones inventadas por los expertos y desafía toda inclusión racional en esos árboles genealógicos que tanto gustaban hacer los flamenquistas en los años sesenta”. Mi larga experiencia cantaora me ha hecho ver cómo los profesionales, en general, y muchos aficionados la consideran un cante de poca estima; algunos han llegado a negarle su naturaleza de cante jondo. Esta concepción de la Petenera es totalmente injusta. A este respecto, Hipólito Rossy escribe que “… quizá por creer que es un canto relativamente moderno, atribuible a una procedencia concreta, y conocida su inventora, tipo no histórico pero sí legendario que probablemente tuvo existencia física en el solar hispano, en una época indeterminada e indeterminable. Quizá por desarrollarse la copla sobre un ritmo estricto e invariable en el que no cabe introducir los dolorosos ayes que forman el cortejo de la mayoría de las coplas del cante jondo”, cfr.”Teoría del cante jondo”, pág. 255 (Barcelona, 1966).

El enigma de la Petenera arranca en ella misma:”Quien te puso Petenera / no supo darte nombre;/ que debía haberte puesto / la perdición de los hombres” está en la mente de cualquier aficionado andaluz, cuyo nombre (Petenera) ha originado muchas polémicas en torno a su origen y veracidad del intérprete y cante. Podríamos, pues, hacer esta primera pregunta: ¿de dónde procede este nombre? Puedo asegurar, sin la menor petulancia, haber leído cuanto se ha escrito sobre las peteneras; he comprobado que cada autor tiene una opinión sui generis. Hecho, por otra parte, normal. En ciertas Antologías se ha escrito, sin la más mínima justificación, “Petenera: Cante de Sinagoga”. Y aunque se admite, en general, cierta influencia hebrea en el flamenco,en la petenera la nota se refuerza, dando motivo a este tópico.

Ante la imposibilidad de referir todas las múltiples y variadas tesis acerca del origen y nombre de la Petenera, daré a conocer las que mayor relieve han tenido en el mundo flamenco. Y así, Francisco Bejarano Robles “Paco Percheles” –cfr. “Hoja del Lunes”, Málaga,07/07/1952 – nos dejó dicho: “… El cante de la Petenera fue creación personalísima de una mujer muy guapa de Paterna de la Rivera, en torno a cuya figura se tejió una leyenda de amores y de “perdición de los hombres”, de calumnias y de odios, para terminar con el cuento de la muerte de la protagonista en el apogeo de su juventud y belleza: “La Petenera se ha muerto / y la llevan a enterrar. / No cabe por la calle / la gente que iba detrás”…, llegando el eco de su popularidad hasta después de su muerte”. Pero años más tarde, H. Rossy (op.cit., 1966) nos diría: ¿Pero de qué Paterna era esta moza paternera? Porque en España hay cinco pueblos que figuran con este nombre. Uno cerca de Valencia, otro en tierras de Alcaraz (Paterna del Madera), otro en la provincia de Huelva (Paterna del Campo), otro en la de Almería (Paterna del Río) y otro en la de Cádiz (Paterna de la Ribera). Los dos últimos se disputan el honor de ser la patria chica de la petenera”. El poeta José Carlos de Luna –cfr. “De cante grande y cante chico”, pág.37 (Madrid, 1926) se limita a decir que “… Por no dejarlas sin mencionar, dediquemos unos renglones a las Peteneras, y las encasillaremos en el capítulo de las Soleares ya que tienen con ellas sentimentales puntos de contacto. No son “cante grande” ni “chico”; pero les dió vida y nombre la espiritualidad andaluza de una mujer guapa de Paterna de la Ribera, pueblecito de Cádiz, y las popularizó el juncalismo de su inventora”. Pero, amigos lectores, con el respeto que me merece el poeta malagueño, no tengo más remedio que manifestar públicamente que hay que desconfiar de la inventiva de José Carlos de Luna, responsable de muchos desaguisados flamencos. Sin embargo, Joaquín Turina, gran conocedor del flamenco y mejor músico sevillano, nos ha dejado dicho que “Petenera procede, según la tradición, del pueblo de Paterna del Río (Almería), cfr. “El Canto Andaluz”.Comunicación al III Congreso de Musicología de Barcelona, 1936). A favor de esta hipótesis, se puede argumentar que en Paterna del Río se celebra anualmente la “Fiesta de Las Peteneras”. Y es posible que esto tenga algo de verdad ya que Francisco Villaespesa, el gran poeta almeriense, nos hace una descripción perfectísima de La Petenera :

¡Que la Virgen del Carmen paz le conceda..!

De su lírica historia, nada se sabe…

¡Vivió y murió cantando, tal como un ave

escondida en las flores de la Alameda..!

 

Su vida fue süave, como de seda,

y fue su misma muerte, también süave….

¡De todos sus secretos tiró la llave,

y tan sólo una copla de ella nos queda…!

 

Apagados los grandes ojos de fuego,

tan pálido el semblante como la cera,

murió la Petenera del mal de amores…

 

Y al son de su guitarra, solloza un ciego:

Desde que ya no canta la Petenera,

los patios de Sevilla no tienen flores….”, cfr. “Poesías Completas”. Tomo II, pág. 843. Ed. Aguilar, 1954.

 

 

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