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escrito por Alfredo Arrebola   

El carro de los muertos

pasó por aquí;

como llevaba la manita fuera

ya la conocí”.

El gran folklorista y recopilador de letras flamencas Antonio Machado y Álvarez (Demófilo), en el “Prólogo” de su libro “Colección de Cantes Flamencos recogidos y anotados por…”, pág. 14 (Madrid, 1974) nos dice unas palabras que, según mi parecer, vienen perfectamente encuadradas para la exposición de las Playeras, una de tantas incógnitas que tiene el flamenco. Allí leemos: “…La seguidilla gitana, conocida también con el nombre de “Playera”, es una copla por lo común de cuatro versos( …. ) Nosotros, por nuestra parte, jamás hemos visto bailarla; lo cual prueba una vez más que no son los cantes flamencos tan populares y conocidos del pueblo como se supone por alguno”. He aquí, pues, el sentido del porqué la cita del ilustre sevillano ,que tanto hizo por conocer la “razón última” de nuestros cantes flamencos. Y es que el flamenco está lleno de problemas que no son fáciles de resolver ipso facto. Tal es el caso de las Playeras, que fueron consideradas como la forma más dolorida de seguiriyas. Apenas encontramos noticias de este viejo estilo, del que se dice que en un principio fue un cante fúnebre, cantado en los cortejos que iban al cementerio y ante la misma fosa, como escribe el flamencólogo D.E. Pohren en “Arte flamenco”, pág. 119 (Madrid, 1970). También se cree que este estilo pudo ser la más antigua manifestación del flamenco a nivel profesional. Es posible que sea así, ya que Juan Ignacio del Castillo, autor del siglo XVIII y que escribió una copiosa colección de sainetes, nos relata que eran gitanos, fragüeros –que posiblemente fueran calé- y matarifes los intérpretes de sus obras. Pues bien, entre los bailes citados aparecen el zorongo, el ole, el fandango, el bolero , las voleras, las tiranas y playeras. Estas vienen nombradas en “El soldado fanfarrón” (1785), y nos declara el propio autor que la Playera era un cante conocido ya en el siglo XVIII, y que todos podían escucharlo en el teatro, lo que contribuiría a su difusión y que no incluía la copla, dejándola al arbitrio del intérprete, lo que puede ser – comenta Arcadio Larrea en “El flamenco en su raíz”, pág. 222 ( Madrid,1974) – indicio de su popularidad. Y el propio flamencólogo navarro (A.Larrea) nos relata que Juan Valera cuenta que don Nicomedes Pastor Díaz (1811-1863) “estimaba sobremanera las playeras y que atacaba toda la poesía clásica andaluza y aun española y sólo mostraba estimación por los romances, las cañas y las playeras”,(op.cit.).

En 1841, el malagueño Rodríguez Rubí hacía referencia a las playeras, cañas y tonás en “La visita nocturna” y “Votos y juramentos”, colección de poesías andaluzas que reflejan estampas de la vida y con referencias a cantes; asimismo, Manuel María de Santa Ana cita las playeras en su obra “Cuentos y romances andaluces”, aparecidos en 1844. Don Juan Valera (1824-1905), uno de los hombres más cultos del siglo XIX, también dedicó atención a los cantes y bailes flamencos, y confiesa que las playeras le agradaban “ a veces”; en 1841 escribió un soneto como glosa precisamente a la playera que dice:

Cuando yo me muera

dejaré encargado

que con una trenza/ de tu pelo negro

me amarren las manos”.

No comprendo, por tanto, el porqué de la ausencia de las playeras en la descripción y exposición de los estilos flamencos, cuando se habla de ellas desde antiguo. Es cierto que es problemático igualar e identificar el término “seguiriya” con el de“playera”, que nada tiene que ver con “playa”, sino con “plañidera”, procedente de “plañir”.Ahora bien, ¿qué relación pudo guardar la seguiriya con la playera, de “plañidera”?. Sabemos que en Andalucía se contrataban “plañideras profesionales”, las cuales conocían los cantos rituales luctuosos. Tal vez , según mi criterio, haya sido ésta la causa por la que algunos autores han relacionado el cante de las seguiriyas con las antiguas “plañideras”. Por otra parte, es frecuente decir a uno:”Tírate una playera”, “entónate esa playera”,etc.. Así lo recuerdo yo cuando, siendo muy niño, me invitaban para cantar en las fiestas. Por ahí – pienso- no hay inconveniente en identificar ambos términos. Y así lo concibía Rodriguez Marín: “La seguidilla gitana o “playera” – dicha así- no de playa,sino de plañir,como si dijéramos plañidera o plañiera, consta de de cuatro versos, asonantados los pares y todos de séis sílabas, excepto el tercero, que tiene once, y que necesariamente ha de estar dividido en hemistiquios desiguales, por la cadencia especial (la “caía”, dicen los cantaores) que requiere en la quinta sílaba:

Apenas nasía

la yerbitagüena,

como se iban – alimentando-

las raises de ella”,cfr. “El alma de Andalucía en sus mejores coplas amorosas”, pág. 24 (Madrid, 1929).

 

Sobre la identificación de seguiriya – playera, Ricardo Molina dijo que “…lo más sensato es pensar que la seguiriya se llamó playera sencillamente por ser un cante patético y plañidero, por ser una copla “plañidera”, puro grito, desnuda y desgarrada queja”,cfr. “Mundo y formas del cante flamenco”, pag.171 (Sevilla, 1971).Por su parte, Manfredi Cano afirma: “Conviene advertir que entre playera y seguiriya gitana suele haber una diferencia: muchas veces, la playera no tiene más que tres versos, en lugar de cuatro que la seguiriya exige indefectiblemente: “No sé lo que tiene / la yerbagüena de tu huertecito / que tan bien me “güele”,cfr.”Geografía del cante jondo”, pág. 186 (Madrid, 1955). Una vez más repetiremos que en el flamenco hay que recurrir a la “tradición oral”. Sin embargo, el testimonio de Caballero Bonald lo veo más racional y de acuerdo con el proceso evolutivo del cante: “ Es frecuente identificar – dice – las seguiriyas más antiguas con las nebulosas playeras. Sospechamos, tímidamente, que ello se debe a una confusión entre este apelativo – dado a unas canciones bailables del siglo XVIII, propias de la costa meridional andaluza – y el de plañideras, nombre de algunas tonás o “ cambios” de seguiriyas antiguas, cuyo acento sería parecido al de las carceleras y martinetes, cantes plañideros por antonomasia”,cfr. “Luces y sombras del cante flamenco”, pág. 97 (Barcelona, 1975). Luego se podría admitir que seguiriya fuera sinónimo de plañidera, es decir, “plañiera, playera…”.