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BUENAS TARDES, amigos todos: Pax et Bonum.
Un auténtico atrevimiento:¿Cómo he podido yo aceptar esta invitación ante una asistencia tan especializada en Teología?. No me importa: yo hablo desde mi campo. Aquí, al menos, digo lo que he podido recoger en mis años como Profesor y, Dei gratia, Cantaor.
El panorama mariológico de las regiones de España, en lo que concierne al repertorio musical, suscita un interés y atractivo creciente por su abundancia, variedad y riqueza popular y artística. España canta a la Virgen María quizá con la devoción más entrañable y humana que se registra en todo el orbe cristiano.
Especialmente sobresale la llamada con razón “ Tierra de María Santísima”, en cuyos festejos, ferias y romerías, se derrama la inspiración y la gracia inefable de un pueblo, que por encima de todos sus amores, coloca el de la Madre de Dios, a la que concibe, con esa que podría denominarse “teología popular”, como “Causa de nuestra alegría”.
En esta tarde, pues, queremos ofrecer, a través del cante y la guitarra (Ángel y Alfredo) un verdadero florilegio a María, la joven de Nazaret, la “mujer de la plenitud de los tiempos”, que supo responder al mensaje de Dios con la aceptación plena de cada momento de su vida; la HIJA DE ISRAEL, que hizo posible la salvación de su pueblo, de la Humanidad entera, tal como leemos en la maravillosa y sublime obra “EL LIBRO DE LA VIRGEN” (Madrid, 2000). Porque, a la verdad, ¿qué hizo María para ser lo que es: “LA BENDITA ENTRE TODAS LAS MUJERES”, y ser en nuestra humanidad la hija predilecta, la más bella, la más gentil, la más privilegiada y, al mismo tiempo, por el resplandor de tantas gracias y de tantos dones concedidos por el Señor, estar así cercana a nosotros, y revelarnos la hermana, la madre, la representante más real y auténtica de nuestra humanidad cerca de Cristo y de Dios?.
No tengo el más mínimo reparo – al contrario – de proclamar a los cuatro vientos que “ María es la belleza, no sólo estética sino esencial, ontológica, en la síntesis con la bondad y con la humanidad, con la espiritualidad y la clarividencia del “Magnificat”, siguiendo al Pontífice Pablo VI en “Alocución de 15-VIII-1963. La presencia de María en Israel, tan discreta que pasó casi inadvertida a los ojos de sus contemporáneos, resplandecía claramente ante el Eterno, el cual había asociado a esta desconocida HIJA DE SION (“Lauda, filia Sion; iubila, Israel; laetare, et exulta in omni corde, filia Ierusalem, Sof.3, 14) el plan salvífico, que abarca toda la historia de la Humanidad, como dijo Juan Pablo II. |