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Datación de la Misa Flamenca E-Mail
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escrito por Alfredo Arrebola   

La Constitución “Sacrosanctum Concilium”del Concilio Vaticano II (l963) sobre la Sagrada Liturgia dice textualmente: ”Como en ciertas regiones, principalmente en las misiones, hay pueblos con tradición musical propia que tiene mucha importancia en su vida religiosa y social, dése a esta música la debida estima y el lugar correspondiente no sólo al formar su sentido religioso, sino también al acomodar el culto a su idiosincrasia”(cfr. S.C.ll9). La presente recomendación está de acuerdo con las más generales hechas por el mismo Concilio sobre la necesidad de adaptar la Liturgia y la música y el arte sagrados a los diversos pueblos(cfr. S.C. 37 y s.). Y ésta es, pues, la situación de Andalucía, cuna y alma mater del flamenco en su trilogía de Cante, Baile y Toque, que ha sabido expresar magistralmente su ancestral y original modalidad artística.

 

Sus cantaores, sintiendo con las referidas disposiciones de la Iglesia, hemos querido rendir nuestro arte ante el “Señor, Dios del Universo” y sublimarlo, al mismo tiempo, entrañándolo en las celebraciones litúrgicas. ¿ Por qué? Porque Dios trasciende al hombre absolutamente, sin dejar de estar con él y en él. Esto lo sé por propia experiencia, que me ha hecho ver que nadie niega que la idea de Dios, creador y rector de todo, es tan antigua como la humanidad consciente (Homo sapiens). Todos los pueblos lo han sentido y siguen sintiéndolo. Pero de la misma forma, desde los primeros tiempos de la humanidad, el Dios concretado, hecho como si dijéramos “material” en una época, ha sido abandonado paulatinamente por las generaciones siguientes. Las religiones, forma externa de concretar la idea de Dios, al querer atrapar entre sus mallas se le escapa entre sus intersticios. El Dios de los griegos, de los romanos y antes el de los egipcios. Todos. El Dios de Israel no se escapó, porque lo apuntaló Jesucristo, aquel hombre excepcional con visión de futuro, la más amplia que en el mundo ha habido.

 

Larra, cf.”Crónica de un suicidio anunciado”, dijo: ” soy supersticioso porque el corazón del hombre necesita creer algo, y cree en mentiras cuando no encuentra verdades”. El escritor romántico habló así, ante su escepticismo en la vida y el amor. Pero el cantaor , en general, se siente seguro de su “esencia-existencia” proveniente de la Razón Ultima de su “S E R”, es decir, “Id quod est: DIOS”. Me parece que quien no ha hablado nunca con Dios, no superará jamás la sensación de vacío y soledad que experimenta de un modo u otro en “su yo profundo”. ¡Qué bien lo dijo san Agustín: “Inquieto está mi corazón, y no descansa hasta encontrarte a Tí”. Dios opera en el silencio palpitante, como luz sumergida, y estalla intermitente en la sinceridad dolorosa de la búsqueda. Dios es incluso donde no está. No se esconde en la lejanía perseguible, sino que vive en las raíces de los ojos del alma. Raíces a veces amargas , pero nutricias de lo humano. Nadie niega a Dios, aunque muchos se nieguen a Dios. La frase es algo más que una cuestión semántica, cfr. “La idea de Dios en el flamenco”, de A .Arrebola. Universidad de Cádiz, l988.

 

Desde hace muchos años, la Iglesia ha buscado como lenguaje de expresión la autenticidad. El flamenco “ortodoxo” lo es por su propia naturaleza; y nadie conoce mejor -según mi criterio - la quintaesencia del cante que los mismos intérpretes, como también creo que no hay una música más religiosa que la flamenca, tomado el término religión en su sentido semántico y filosófico. Por eso la Constitución Conciliar sobre “Sagrada Liturgia”,del Concilio Vaticano II, señala que “los textos de los ritos deben ser ordenados de manera que expresen con mayor claridad las cosas santas que significan, de tal modo que el pueblo cristiano pueda comprenderlas, a su manera, y participar en ellas por medio de una celebración plena, activa y propia de cada humanidad”. Sobre esta base concreta de intimidad y compenetración, el misterio eucarístico no cala en hondura espiritual de los fieles como espectáculo ajeno, sino como convivencia entrañable. Orar no es otra cosa.

 

Se sabe que la Iglesia cristiana recopiló y adaptó cantos populares para sus funciones litúrgicas; pero será a partir del Concilio Vaticano II (1962-1965) cuando la Iglesia, comprendiendo y sabiendo que la música constituye uno de los mejores motivos de acción litúrgica, permitirá que cada pueblo se exprese en la forma musical tradicional y vernácula: la música ayuda a entenderse mejor los hombres y Dios. Así es. Se ha dicho también, y no sin verdad, que el cante flamenco y el canto gregoriano se emparentan y relacionan por la modalidad específica de sus melodías, en las que se descubre cierta consonancia y paralelismo. Mi larga experiencia cantaora me ha hecho ver que el “Cante Jondo” es un instrumento singular de expresión litúrgica, sumamente propicio para fijar en los sentimientos del hombre las vivencias de la fe, con arrebato, inspiración y ternura, y con toda la fuerza no caducada de un verdadero arte popular.

 

Con la “Misa flamenca” se ha redimido -cómo no - el arte flamenco, llevándolo nada menos que a cantar las glorias de la liturgia, aprovechando para educación y sano deleite del pueblo todo el vigoroso patetismo de los característicos melismas, todo el brío de los cálidos acentos humanos, toda la intensa energía o emocionante dolor, que dimanan de sus variadísimas y dramáticas modalidades y estilos. Esto es, fielmente, la “Misa flamenca”. En esta misma línea se expresó el famoso pensador Fray Gabriel del Estal: “El flamenco es ya de suyo una oración. Se puede expresar con él todos los sentimientos. Pero los más profundos, como los religiosos, son los que más propiamente le van. Pedir a Dios ayuda por la incomprensión de los hombres, por los males de la sociedad, por las desgracias y pecados del mundo, es flamenco de ley”,cfr. ABC,l3-X-l972.

 

Andalucía ha soportado una historia triste y de muchos sufrimientos. Y sólo los pueblos -cfr. G. Núñez de Prado en “Cantaores andaluces” - que han sufrido mucho, han sido capaces de elaborar comunitariamente los cantos más hermosos, con un sentido de plegaria y de auténtica catarsis. Así las bellas salmodias mozárabes y el jazz, verdaderas oraciones proferidas bajo el látigo de la esclavitud y la discriminación racista. El pueblo gitano, al contacto con el andaluz, dio al flamenco un sello especial. La raza india del pueblo gitano confiere el sentido religioso a su música y cante desde antes del éxodo, ya que la música - cfr. Revista “FAMENCO”, de Ceuta, Febrero 1973 - nunca fue considerada en la India como un mero entretenimiento, ni siquiera como una diversión y pasatiempo. Fue exclusivamente un medio religioso para alcanzar un estado místico de adoración divina, escala tendida a la beatitud religiosa; en ella se trata el amor divino pero con motivos profanos, y su inspiración proviene a menudo también de textos profanos, en sugeridora similitud con el canto gitano. Semejante adecuación ha hecho el pueblo andaluz, poeta y músico por naturaleza.

 

Los poemas musicales de Sankara Deva y Madhava Deva forman parte del corpus de la música india, y dedicado devocionalmente a la diosa (Deva). En el cante jondo tenemos la Debla, legendario cante que tiene entronque con estos poemas musicales. La Alboreá, que es forma de los ritos secretos de la boda gitana, y canta el valor de la virginidad prenupcial, residuo ancestral de los pueblos orientales. La Seguiriya, maravilloso y dramático lamento, resume la concepción religiosa del pueblo gitano-andaluz. No se descarta su posible ascendencia de la antigua Playera (Plañidera), posible vestigio del culto a los muertos e interpretada antiguamente en los velatorios. La Petenera, parece musicalmente tomada de los responsos que la Iglesia católica tributa a sus fieles difuntos ( cantos gregorianos). No quiero dejar pasar que los matices gregorianos se perciben en muchos cantes flamencos. Y la Saeta, que no puede olvidar su gran contenido religioso popular; ésta no es -según mi criterio - más que una Toná; y una de las célebres tonás fue, precisamente, la llamada “Toná del Cristo”, que se cantaba en los templos durante la celebración de los misterios de la Pasión y Muerte de Cristo. Todo esto nos demuestra el subtratum religioso del flamenco. Quiero creer que fuera este subtratum religioso el impulsor de Enrique el Mellizo para crear su famosa “Malagueña”, inspirándose -según es tradición - en el “prefacio” de la misa gregoriana.

 

La Iglesia católica postconciliar, en su nobilísima búsqueda de nuevos medios de expresión más cercanos al auténtico lenguaje del pueblo, utiliza el cante jondo como portador de valores religiosos y como oración. Así nacieron por toda Andalucía, Levante y Extremadura las “Misas flamencas”. Las casas discográficas pusieron también su granito de arena: Philips lanza al mercado la primera “Misa flamenca”; en el año 1969, Pax hizo otro tanto con su “Misa flamenca”. En ese mismo año se publica la “Misa flamenca” programada por la Tertulia Flamenca de Radio Sevilla; más tarde, 1975, Antonio Fernández Díaz hace su “Misa flamenca en Córdoba”, llevando la dirección el catedrático de Guitarra Flamenca, Manuel Cano, y en Agosto de 198l, Alfredo Arrebola, quien ya había cooperado en la “Misa flamenca” de Pax, grabó su “ Misa flamenca en Granada”, patrocinada por la Diputación de Granada.

 

Debo añadir también que ha habido sacerdotes, muy buenos aficionados, que interpretan la misa flamenca: padre Bartolomé Rizo, padre Miguel Rojo, padre Antonio Ramirez, etc. Fruto de esta buena disposición por parte de los mismos sacerdotes fue la “Misa flamenca por cantes de Málaga”, interpretada por el padre Rojo y los cantaores Antonio de Canillas, Pepe de la Isla y Niño Bonela.He podido comprobar que los asistentes creen que la “misa flamenca” es un medio de manifestación religiosa, y sostienen, además, que el cante jondo trasciende de lo humano a lo divino. Y según J. García Aparicio, este hecho es como una encarnación de los más bellos sonidos, “el sonido encarnado” de la música india, que sirve de esperanza de los pobres, de los perseguidos, de los tristes, de los que sufren hambre y sed de justicia. No es, por tanto, blasfemo ni desdice el cantar una misa por “Cante Jondo”. Y yo, como cantaor, he vivido plenamente esta experiencia en innumerables misas flamencas cantadas por toda la geografía nacional. Es, finalmente, una manera de acercarme a Dios y a los Hombres por medio del cante:

 

MI CANTE ES UNA ORACIÓN

Y HASTA CUANDO YO ME CALLO,

VA REZANDO EL CORAZÓN.