RELIGIOSIDAD
Teología en el Flamenco | Teología en el Flamenco |
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| escrito por Alfredo Arrebola | |
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El título de esta breve reflexión teológica se debe al sacerdote y gran aficionado el Rvdº Padre don Manuel Ginés Cabrera. El fue quien me exhortó a que escribiera algo sobre qué significa Dios en el arte flamenco (Cante, Baile y Toque). El hecho tuvo lugar en la Iglesia de San Francisco del bellísimo y pintoresco pueblo de RUTE (Córdoba). Allí tuvo lugar, el día 1 de Mayo, festividad de “San José Obrero”, la “Misa Flamenca” interpretada por Eduardo Tarifa y el que escribe estas líneas, acompañados en la guitarra del ya “Maestro de la sonanta” Andrés Cansino. El momento no podía ser más propicio para acercarse a Dios a través del cante y la guitarra. El templo estaba totalmente lleno de fieles; y al frente de ellos, todos los miembros de la Peña Flamenca y Cultural de Rute. Tenía que venir la inspiración porque allí estaba Dios en medio de nosotros: se cumplían las palabras de Jesús “donde hayan dos o más reunidos en mi nombre, allí estaré yo”.
Me gustaría hablar de Dios desde el punto de vista filosófico, es decir, llegar a la idea de Dios por medio de la razón. Lo que nos llevaría a una “Teología natural” o también “Teodicea”; sin embargo, quiero hacerlo desde el plano de la revelación porque tengo la gran suerte de ser cristiano, creyente y practicante y hacer de mi cante un instrumento de unión y concordia entre los hombres. Yo sé que hablar de modo correcto de Dios - origen y horizonte último de todo lo que existe - es difícil y arriesgado, pero, al mismo tiempo, necesario. Y pienso que de ninguna manera debo renunciar a ello. Mi problema, es natural, será el hablar de Dios de una manera correcta, sin traiciones, sin segundas intenciones y, en definitiva, con verdad. Se me viene a la mente lo que escribió aquel gran “buscador de Dios”, el obispo Agustín de Hipona. ” Se piensa a Dios con mayor verdad que aquella con la que se puede hablar de él y él es más verdadero de lo que se puede pensar” (cfr. De Trinitate, 7,4,7 BAC )
La teología cristiana tiene su origen en el estupor que invade al hombre cuando se pone a pensar lo que Dios ha realizado y dado a conocer de sí mismo en la historia del mundo. Esta teología (cristiana) parte del encuentro con Jesucristo, que revela, a través de su historia, muerte y resurrección, el rostro misericordioso de Dios Padre. Y esta teología “reflexiona” sobre este gran misterio del encuentro entre la persona de Dios que se revela y la persona humana que cree en Dios, para tratar de comprender cada vez más a Dios y comprender cada vez más al hombre, pero sobre todo para que esta realidad encuentre concreta y voluntaria “acogida” en el hombre. Sólo de esta manera la teología se convierte en vida. Volvamos, siquiera por un momento, la mirada al sublime espectáculo de la Semana Santa Andaluza: Desfiles procesionales de Cristos y Vírgenes. Una teología en la calle. Esto y la Misa Flamenca me han llevado a reflexionar sobre la “Teología del Cante”.
Desde hace muchos años se viene observando un fenómeno insólito en la historia del cante flamenco: “LAS MISAS FLAMENCAS”. Ahora bien, si analizáramos profundamente el cante no debería extrañarnos tal fenómeno - esta actitud subjetiva del hombre entra dentro de la llamada “Fenomenología de la religión” - puesto que una de las notas del cante jondo - para mí y otros muchos cantaores - es la religiosidad. Algunos flamencólogos la han negado. Creo que más bien lo han hecho por ser “flamencólogos”, y no ser cantaores. Es mi opinión. Nadie conoce mejor la quintaesencia del cante que sus intérpretes. Y posiblemente no haya una música más religiosa que la flamenca, tomado el término religión en su sentido semántico y filosófico. Ya en el siglo IV, san Agustín, hombre profundamente enamorado de la música dijo que “reza dos veces quien bien canta”. Y también es posible que en la vida de cualquier artista no haya un momento más idóneo para acercarse a la divinidad como cuando lo hace a través de la música. Otro tanto le ocurre a la poesía flamenca: está insuflada de valores espirituales y religiosos. La poesía, como el arte en general, es también una actitud subjetiva del hombre ante el “Misterio” / Dios.
La religiosidad en Andalucía es, ciertamente, un fenómeno sorprendente. Y es verdad que Andalucía es una tierra impregnada de religiosidad - no de “beaterío” - expresada de mil formas diferentes en su arte, su folklore, sus fiestas, su habitat, propicio para el nacimiento del arte flamenco. La religiosidad es un fenómeno omnipresente en las tierras del Sur y se canaliza en la forma de vivir y de ser del pueblo. Aquí - no en otro lugar - nació el flamenco, que sabe recoger de manera muy heterogénea las referencias al ser trascendente (“MISTERIO” en el lenguaje universal de todas las religiones).
Sería apasionante poder hablar del poso que dejó en el cante jondo desde el hylozoismo íbero hasta el monoteismo cristiano, pasando por el ecleticismo romano, la dulzura sinagogal de los judíos o el nuevo monoteismo de Alá. No debe olvidarse que lo divino y lo humano se relacionan. Ambos factores son determinantes en el hombre en su proyección social. Lo divino no puede prescindir de lo humano; sin embargo, éste puede converger en lo divino. Yo creo que el arte - nuestro arte flamenco andaluz y universal ya - es un instrumento idóneo de la “proyección” del valor humano hacia lo divino. Y, ¿quién puede negar que el Cante es ARTE?. Mi experiencia cantaora me lo testifica, como testifica el “valor teológico” del flamenco.
A través de la copla/letra el hombre se “humaniza”,y, en cierto sentido, se “espiritualiza” identificándose con la divinidad: fin último de la actitud subjetiva y extática del hombre ante el “Hecho religioso”. Esto es difícil de explicar , lo entiendo, pero fácil de comprensión para quienes “ sentimos y expresamos” el Cante Jondo. Asimismo, he podido comprobar que la religiosidad flamenca es un camino para llegar a conocer mejor a Andalucía.
El cante me ha hecho ver que es necesaria la fe para caminar honestamente por la vida. Porque hasta en el orden natural es necesaria la fe: sentido ético de la actitud subjetiva de la religiosidad en el hombre. En el orden sobrenatural es una virtud ( la fe) por la que se cree en las verdades reveladas. Pero a los cantaores de flamenco no les son precisos argumentos filosóficos para manifestar su fe a través de la copla:
o aquella
No es mi intención afirmar que todos los cantes “comportan” un sentido teológico, ni siquiera de “religiosidad”. Cuando se habla de religiosidad, se entiende en el sentido tradicional, y de manera especial a la andaluza manifestada en los cantes. Yo he sido testigo - muchas veces, por cierto - de cantaores que han manifestado su fe con una “Soleá de Triana”. Me parece que el hombre sin fe, en lo que sea, se convierte en un tránsfuga, en un ser errático y errado y, posiblemente, en un ser desgraciado, aunque no lo quiera reconocer.
Sobre la “Misa flamenca”, debo manifestar que, desde hace ya muchos años, la Iglesia católica ha buscado como lenguaje de expresión la autenticidad. Movida por esta instancia, la Constitución Conciliar sobre la “Sagrada Liturgia”, del Concilio Vaticano II, señala que “... los textos de los ritos deben ser ordenados de manera que expresen con mayor claridad las cosas santas que significan, de tal modo que el pueblo cristiano pueda comprenderlas, a su manera, y participar en ellas por medio de una celebración plena, activa y propia de cada humanidad”,cfr. “Sacrosanctum Concilium”,4 de diciembre de l963.En efecto, el canto ha sido ensalzado tanto por la Sagrada Escritura -cfr.Efesios 5,19; Colosenses 3,6,de san Pablo - como por los Santos Padres y los Romanos Pontífices, los cuales en los últimos tiempos, empezando por San Pío X, han puesto con mayor precisión la función ministerial de la música en el servicio divino, cfr.”S. Concilium”, cap. VI, pág. 170.B A C , Madrid, 1989.
Sobre esta base concreta de intimidad y compenetración, el misterio eucarístico no cala en hondura espiritual de los fieles como espectáculo ajeno, sino como convivencia entrañable. Porque orar no es otra cosa. Y eso es precisamente la Misa flamenca: oración y música viviente y escenificada. Se sabe, por otra parte, que la Iglesia recopiló y adaptó cantos populares para sus funciones litúrgicas. Será a partir del Concilio Vaticano II ( 1962-1965), comprendiendo y sabiendo que la música constituye uno de los mejores motivos de acción litúrgica, permitió que cada pueblo se expresara en la forma musical tradicional y vernácula. La música ayuda a entenderse mejor los hombres y Dios. Y así es: testimonio y experiencia como Cantaor.
Se ha dicho, y no sin verdad, que el flamenco y el canto gregoriano están emparentados y relacionados por la modalidad específica de sus melodías, en las que se descubre cierta consonancia y paralelismo. Esta idea ya fue defendida por músicos nacionales y extranjeros: Pedrell, Falla, Albéniz, Turina, Glinka, Litz, etc.
El cante jondo es un instrumento singular de expresión litúrgica ,sumamente propicio para fijar el sentimiento del hombre las vivencias de la fe, con arrebato, inspiración y ternura, y con toda la fuerza, no caducada, de un verdadero arte popular. Con la “Misa flamenca” se ha redimido - cómo no - el arte flamenco, llevándolo nada menos que a cantar las glorias de la liturgia, aprovechando para la educación y sano deleite de todo el vigoroso patetismo de los característicos melismas; todo el brío de los cálidos acentos humanos, toda la intensa energía o emocionante dolor, que dominan de sus variadísimas y dramáticas modalidades y estilos. ¿Por qué? Porque el flamenco - cfr. P. Fray Gabriel del Estal, ABC, 13-X-1972 - es de suyo una oración. Se pueden expresar todos los sentimientos. Pero los más profundos, como los religiosos, son los que más propiamente le van. Pedir a Dios ayuda por la incomprensión de los hombres, por los males de la sociedad, por las desgracias y pecados del mundo, por las muertes causadas por el terrorismo... es flamenco de ley. Y esto fue precisamente lo que nosotros -Eduardo, Andrés y Alfredo - hicimos en el barroco marco de la Iglesia de San Francisco de Asís de Rute, en una fecha tan significativa para el mundo del trabajo. Los cantaores, los guitarristas y bailaores somos también trabajadores. Nuestro trabajo-arte se hizo ORACION.- |