| Mario Maya |
| escrito por Alfredo Arrebola | |
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MARIO MAYA (1937 – 2008). El flamenco no es más que la fusión de la tríada artística formada por el Cante, el Baile y la Guitarra, es decir, distintas maneras que ha tenido – y sigue teniendo – el pueblo andaluz para expresar públicamente sus vivencias propias e inmanentes. Este rasgo hizo que el ilustre filósofo y publicista Ortega y Gasset (1883 -1955) afirmara – cfr. “Teoría de Andalucía”. Revista de Occidente, 1927 – que “…Andalucía posee una cultura autóctona y milenaria, la más vieja del mundo mediterráneo”. Esta, y otras muchas razones, me han llevado a confeccionar este “Forjadores del arte flamenco” en memoria, honra y gloria de un distinguido andaluz que dio a conocer esos ancestrales valores a través del, posiblemente, más antiguo arte, cual es la danza: MARIO MAYA FAJARDO. Sin el más mínimo pudor, el gran poeta granadino Pepe G. Ladrón de Guevara – también conocedor y amantísimo del flamenco – nos dejó dicho: “Mario Maya ha sido el mejor bailaor de los últimos 50 años. Era un hombre de una cultura musical y teatral extraordinaria. No ha tenido rival como bailaor” (IDEAL, 28 de septiembre de 2008). Nada que objetar, al contrario. Por ello, pues, quiero yo cumplir conmigo mismo recordando a mi admirado amigo Mario Maya, irrepetible figura del baile y coreografía flamenca. Y esa figura fue la de un genial artista, jamás reconocido adecuada y justamente por las autoridades políticas y culturales de la tierra que lo amamantó a sus pechos: Granada. Qué bien vienen aquí los versos del poeta almeriense Francisco Villaespesa (1877 -1936): ¡Granada, Granada / de tu poderío / ya no queda nada!. Es cierto: Mario Maya Fajardo, nació en Córdoba (1937), pero creció y se hizo hombre y bailaor en el Sacromonte granadino. Allí, en esa “Cátedra permanente de arte flamenco”, bailando a las puertas de las cuevas donde se realizaban las zambras, en el Camino del Sacromonte, donde, mientras hacía su trabajo para ganarse unas monedas, fue retratado al óleo por la pintora inglesa Josette Jones, quien le pidió que posara para ella. La diosa de la Fortuna se alió con Josette, logrando por su trabajo un premio, cuyo importe total (unas 200.000 pts) se lo envió al niño Mario a fin de que estudiara baile en Madrid. Así lo hizo el artista; y en la academia de “El Estampío” (1879 -1957), en la capital de España, se preparó lo mejor posible hasta que en 1955 comenzó a bailar profesionalmente en el colmao Villa Rosa de Madrid y realizar incluso actuaciones con el “divino” Manolo Caracol e inmediatamente ingresar en el cuadro del Tablao Zambra, junto a Rosa Durán, Perico el del Lunar, Rafael Romero, Pericón de Cádiz, Juan Varea, Pepe el Culata… A partir de este momento la carrera de Mario Maya sería imparable. Y así, desde 1956 a 1958 formó parte del ballet de Pilar López, teniendo, por tanto, la oportunidad de recorrer diferentes países extranjeros. En 1959 trabaja en el tablao madrileño “El Corral de la Morería”, formando pareja con La Chunga, con quien llevará a cabo una gira por Venezuela, Cuba, Puerto Rico, Estados Unidos, Argentina y Colombia. En 1961, actúa en los Festivales de Música y Danza de Granada y en el Tablao Torres Bermejas de Madrid, junto a María Baena, marchándose inmediatamente a América, con el fin de actuar en Argentina, Chile, Perú y Brasil. Al regreso de esta gira, reaparecerá en Torres Bermejas, en unión de Carmen Mora. En 1965, se traslada a Nueva York, donde ofrecerá su primer concierto y será contratado por la Columbia Artist Management, con lo que podrá llevar a cabo numerosos recitales. De nuevo en España, creó con Carmen Mora y El Güito el famoso “Trío Madrid”, por cuyas magníficas actuaciones consigue el “Premio de Danza y Coreografía Vicente Escudero” (1976), y el “Premio Nacional de Baile de la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces” de Jerez de la Frontera (1977). Una de las características más sobresalientes de Mario Maya será, sin duda, su capacidad y sabiduría innata para la escenografía y la acción dramática. Por ello no tuvo inconveniente alguno para montar su espectáculo “Ceremonial”, con textos de Juan de Loxa, realizado en 1974, proyecto que puede considerarse como el primer intento de crear un nuevo teatro flamenco con danza moderna. Le siguió inmediatamente “¡AY! JONDO”, de 1977-78, con textos del poeta lojeño, un buen proyecto de teatralizar lo jondo sin perder, bajo ningún concepto, su esencia. Sin embargo, el espectáculo que quedaría imborrable en la memoria de Granada – como también de otras muchas ciudades – fue “Camelamos naquerar” (Queremos hablar, 1976), con textos de su pariente José Heredia Maya, Profesor en la Universidad de Granada, obra que se convertiría en un espectáculo reivindicativo de la raza gitana, un verdadero hito en la historia del teatro andaluz, con el que recorrerá España y numerosos países, en cuyo elenco figuraban El Pili, Gómez de Jerez, Concha Vargas, Paco Cortés y Pedro Escalona. Al año siguiente (1977), el cordobés-granadino Mario Maya obtiene en el VIII Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba los premios Pastora Imperio de Bulerías y Juana La Macarrona de Alegrías, y, sirviéndose de coplas y textos de Juan de Loxa, escenifica el espectáculo ¡AY! JONDO en la I Bienal de Arte Flamenco de Sevilla – como también lo hará en los festivales internacionales de Arlés, Berlín, Fraiburs, Venecia y Londres – con un elenco artístico formado por Carmen Cortés, Manuel de Paula, Miguel López, Ángel Cortés y Ramón Amador. Y en la noche del 11 de octubre de 1982, en el Teatro Lópe de Vega de Sevilla, logró Mario Maya el premio “Giraldillo” de la II Bienal de Flamenco, en noble lid con Angelita Vargas, Ramírez y Pepa Montes, premio que recibió de manos del Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Sevilla, José Luís Ortiz Nuevo, prestigioso flamencólogo malagueño. En 1983, Mario Maya cambia el Sacromonte por Sevilla. La “capital de Andalucía” le ofrece más estabilidad empresarial y, sobre todo, más cercanía a la Consejería de Cultura con la que entablará una larga y estrecha colaboración. En Sevilla creará, asimismo, su propia compañía de flamenco (“Centro de Actividades Mario Maya”) con la que llevaría a cabo montajes importantes como lo fue “Amargo”, inspirado en los textos lorquianos (1984). Su éxito fue tan grande que hubo que repetirlo en distintas localidades, entre ellas – cómo no – Granada (Palacio de Carlos V). Un artista de la categoría de Maya no podía olvidarse del genio gaditano y universal don Manuel de Falla, y para ello recordó al “bendito don Manué” con una versión un tanto revolucionaria y rompedora de “El amor brujo”, por encargo y deseo expreso del Teatro Fenice de Venecia, cuyo estreno tuvo lugar en 1987 y repuesta en la Expo de Sevilla (1992). De la década de los ochenta, hay que hacer memoria de su conmovedor espectáculo “Tiempo, amor y muerte”. Mayores contrastes y opiniones generaría su “Carmen Carmen”, basada en textos de Antonio Gala (1989). Siguieron el mismo camino del triunfo “Tres movimientos flamencos” (1990) que llegó hasta el mismo Nueva York. En 1994 la Consejería de Cultura lo nombró director artístico del “Programa para la Danza”, fruto de esta labor aparecerán los espectáculos “Réquiem flamenco para el fin del milenio”, “Los flamencos cantan y bailan a Lorca”, o “Andalucía, el flamenco y la humanidad”. La danza, el baile y la coreografía eran algo inherente a su genial personalidad artística, quien, por otra parte, era un hombre modesto, sencillo y muy trabajador. Jamás presumía de tantos honores y premios recibidos: Giraldillo, Nacional de Baile de Jerez, Diploma de varias bienales de flamenco, Premio Nacional de Danza (1992), Homenaje del 41 Festival de Cante de las Minas (2001); Medalla de Oro de la Peña La Platería (Granada) (2002), Medalla de Plata de la Junta de Andalucía (1986) ,etc. etc.. Digamos, en su honor y respeto, que el premio nacional de baile de Córdoba lleva el nombre de “Mario Maya”. Era, además, una persona profundamente enamorada de la “Cultura Andaluza”. Su personalidad artística ha merecido los más elogiosos comentarios de Críticos y Flamencólogos. Los caminos de la vida están siempre ocultos al ser humano: “Vanidad de vanidades” que enseña el Eclesiastés. Mario Maya Fajardo, estrella luminosa del baile flamenco, acabó su vida mientras se celebraba -¡que ironía! – la Bienal de Flamenco de Sevilla, donde precisamente se representaba un espectáculo suyo, “Mujeres”, con Merche Esmeralda, Rocío Molina, Diana Navarro y Belén Amaya, su hija. Esto sucedió el 27 de septiembre de 2008. Su nombre y su “inmortal arte” llenan sobradamente este modesto “Forjadores del Arte Flamenco”. |