El flamenco y la tonadilla escénica
escrito por Germán González y Alfredo Arrebola   

EL  FLAMENCO EN  EL  SIGLO  XVIII Y SU RELACION  CON  LA  TONADILLA  ESCÉNICA

Germán  González –Alfredo Arrebola

 

El flamenco, analizado históricamente, lleva poco más de dos siglos de existencia y, sin embargo, han sido varias  las generaciones de compositores, literatos y músicos que han bebido en  él su inspiración, incluso los  elementos básicos de sus páginas más logradas. Pero también hay que añadir que han tomado del singular instrumento que lo acompaña- la Guitarra – su  técnica, punteos, arpegios, transportándolos al clavecín o al piano, o bien convirtiendo a toda una  orquesta,  con magistral virtuosismo, en un gigantesco instrumento de seis  cuerdas. Bastantes compositores fueron receptivos a la sugestión  y  al encanto de este arte, por extraña o exótica que fuera su patria o  por  lejana que su sensibilidad  estuviera  de la manera que tiene el pueblo andaluz de hacer y vivir la música. Pero ahora, nos vamos a ocupar del arte flamenco en sus inicios y relacionándolo  con las “tonadillas del siglo XVIII,  fuente y origen folclórica de muchos cantes flamencos.

La tonadilla escénica es un  fenómeno musical  exclusivamente español que tuvo un  momento concreto de auge y, pasado este breve periodo de relevancia, entraría en decadencia hasta desaparecer por completo. La tonadilla llega  a su apogeo en el siglo XVIII  y, en el XIX, ya se aprecia claramente su desgaste. Se trata de  una forma mixta entre música culta y popular con raíces profundas en la música del pueblo y con una elaboración melodramática que le acercaría  a la forma operística, pudiendo confundirse en  algunos casos con una breve  ópera cómica.

Entre los maestros de  este   género están: Pablo  Este, Blas de  Laserna, Luís Misón, Moral,  Rosales, Acero y Valledor.  Emilio Cotarelo y Mori habla de “parejas  de bailarines andaluces que  alegran los entreactos con seguidillas, fandangos, boleros y manchegas”. Se sabe, por  otra parte, que   Teresa Garrido fue la primera  actriz  que cantó tonadillas,  siendo famosas Catalina Pacheco,  María “La Granadina” y  las  conocidas por  los apodos “La Tirana”  y “La Caramba”. La Tirana – digámoslo  aquí- puede hacer  también referencia a un género de tonadilla de  asunto costumbrista;  y hay quien defiende que es ella  la raíz primigenia de las malagueñas. Como podemos ver,  los  apodos estaban ya  en uso en esta  época, como escribe el Profesor y Flamencólogo don José Cenizo  Jiménez: “…Los anales del flamenco estarían faltos de vigor y fantasía, de humor incluso, si todos los artistas respondieran por sus simples nombres de bautismo”.

Podríamos considerar el año del nacimiento de  la tonadilla escénica hacia el 1757 con Luís de Misón. Este autor compone tres tonadillas ese año, siendo la primera “Una mesonera y un arriero”, dándole independencia al género mediante la sustitución  del acompañamiento de  la guitarra, que era lo tradicional, por acompañamiento orquestal y dándole primacía a la música por encima de la letra. No se olvide que  ya Mozart (1756 -1791) ya expresaba este sentimiento en su conocida frase “…Sea la música  señora de la poesía y no al revés”, referida a su modo de entender  y realizar el espectáculo operístico.

El texto más  antiguo que nos ha llegado es el de Antonio Guerrero titulado: “Voz y baxo con violines, trompas, para el  baile intitulado la Huerta de Casini”, para la Comedia del “Arca de Noé” (1752). Se adivina la estructura: “Andantino allegretto”, “Seguidillas serias”, “Solo”, “Seguidillas gitanas”, “Canción de los jardineros”, “Recitado”, “Aria a  duo”, “Ayre de minuet” y “Tonadilla” ( ésta última se entiende como canción suelta).

Según Cristina Cruces, en 1779  la  tonadilla  llamada “La anónima” muestra la fuente más primitiva de la palabra “tango”- uno de los cantes básicos en el flamenco -:

Los  andaluces

con sus chistes graciosos

sus chistes lucen.

El barquillo de los madriles

bien puede tener allá su poniente

pero en Cádiz, en la Viña está la sal.

¡Ay tirana, tirana, tirana”.

Esta tonadilla “a solo” de Tomás  Abril – afirma la bailarina  sevillana- sitúa el tango en el siglo XVIII en Cádiz.

José Luís Navarro García, en  Historia del Flamenco”, nos dice que en el siglo XVIII la más importante composición  popular es la  seguidilla, pero será en el último tercio del XVIII cuando se le imprime una nueva expresividad con tonos tristes y patéticos que no había tenido antes. El viajante extranjero  Peyron  nos  describe la impresión de monotonía que le producían las seguidillas. Y así leemos: “Pocos extranjeros pueden cantar sus seguidillas, cuyo canto parece al principio monótono y sin inflexión, pero  que con la sal  y el gusto que los españoles saben poner en él es inimitable”. El barón de Bourgoing  nos  dirá: “Lo único  que  tiene  carácter  propio  son  las  pequeñas composiciones sueltas, conocidas por “tonadillas” y  “seguidillas”, las cuales, a veces, son  agradables, pero cuya monótona modulación prueba que el arte de la composición  musical está todavía en su infancia entre los españoles”. Conforme al juicio del Profesor Navarro García, parece claro que Bourgoing alude a las composiciones que escuchaba en los teatros.  Sorprende la  coincidencia  significativa  entre  Peyron y  Borgoing  respecto a la impresión que recibían.

En 1799, Don Preciso (Juan Antonio de Iza  Zamácola) escribió el famoso  libro “Colección de las mejores coplas de Seguidillas,  Tiranas y Polos que se han compuesto para cantar a la guitarra”. Obra de capital importancia en la evolución histórica de los estilos  flamencos. En su “Discurso” (Prólogo  del libro) nos dice que el pueblo español ha empezado a cantar coplas capaces de mover los corazones más duros, unas seguidillas patéticas y tristes que comúnmente se componen por  tonos de  tercera menor. Y, siguiendo las orientaciones del Profesor Navarro García, no puede hablarse de seguidilla como canto único sino que  debe  hablarse de tres tipos:

  • las tradicionales (fiestas, saraos y romerías)
  • las que se cantan en teatros
  • las  compuestas por el pueblo semejándose a las del teatro que don Preciso llama “patéticas” y tristes”.

Don Preciso defiende la seguidilla tradicional considerándola verdadera canción española  y reacciona violentamente contra la música italiana. A fines del  siglo XVIII se transforma la seguidilla tradicional en la seguiriya flamenca. Es decir, podríamos hablar de una “flamenquización” progresiva de determinadas formas de la música popular. He aquí, pues, la importancia del folclore – música popular  - en la génesis y formación de los diversos estilos flamencos. Por tanto, no debe  rechazarse que el cante flamenco  es una “música elaborada”- y “clásica”, diríamos -  conforme a  la  capacidad artística del intérprete. Esto, sin la menor duda,  puede demostrarse  de modo fehaciente e inequívoco.

A partir del final del s. XVII se inicia la decadencia de este género. Blas de Laserna, en 1790,  pretende remediar el mal que afecta a la tonadilla mediante su  memorial  proponiendo la  creación  de  una  escuela para enseñar a cantar tonadillas paralela a la de Andreozzi, que enseñaba la música italiana. Pero su petición fue desestimada. En este sentido, debe resaltarse la gran labor de los que reaccionaron frente a la invasión italiana en el campo de la música escénica con sus mismas  armas. Basta, al menos, recordar el ejemplo de Barbieri defendiendo la música nacional, y  no menos el de Chapí cuyo esfuerzo  para estrenar  la ópera “Margarita  la Tornera” fue causa  más que probable de su muerte.

A vuelapluma diremos que  hacia la mitad del siglo XVIII hizo furor la ópera italiana y se interpretaban conjuntamente  arias con  tonadillas y seguidillas  (la primera compañía italiana  de Ópera llegará a España en  1703). En este aspecto hay que resaltar la labor tan prolífica del autor teatral  Don  Ramón de la Cruz (1721 -1794)  y su relación con el impulso dado  a la  zarzuela. A  partir de  aquí, la tonadilla  empieza a  perder sus conexiones con la raíz popular haciéndose más artificiosa. En su decadencia influye la derivación  hacia temas serios  y graves perdiendo el humor y alargándose las escenas. Las seguidillas  van desapareciendo y, según  el musicógrafo español  José Subirá – cfr. “La tonadilla escénica”, publicada por la  Real  Academia  Española – se va a convertir en  una breve ópera  cómica. Entre los autores  de esta etapa, se encuentra el famoso  Tenor  don Manuel García, padre de las  cantantes de Ópera “La Malibrán” y “La Viardot”. Otra  fuentes muy  importante sobre la música de esta época son los escritos del Profesor  de Matemáticas de la Universidad de Salamanca, Diego  de Torres  Villarroel, personaje excéntrico y anárquico que gustaba de la música popular, siendo él mismo  músico y autor de “Vida, ascendencia, nacimiento, crianza y aventuras del doctor don  Diego  de  Torres Villarroel”, donde podemos apreciar el ambiente musical de aquella época.

En esta fase decadente, se mezclarán las más variadas  formas de bailes nacionales y extranjeros: boleros,  fandangos, guaracho,  contradanza, baile inglés, etc… A partir de entonces, el género por excelencia sería la zarzuela, revitalizada por  Barbieri en 1851 con la introducción  de la primera zarzuela grande titulada “Jugar con fuego”. La zarzuela ocupa  un lugar parecido al que  tuvo, en su mayor auge, la  tonadilla  escénica, aunque  con  fuertes deudas  e influencias de la música italiana. La esencia flamenca desaparece de la escena clásica durante esta época, pero se  conserva en la memoria colectiva hasta el descubrimiento, gracias a don  Manuel  de Falla (1876 -1946), de los talentos a través  del Concurso de Cante Jondo, celebrado en  Granada  durante los días 13 y 14 de junio de 1922. Y gracias al inmortal  gaditano, el cante flamenco y la música clásica se fusionan recordando con nostalgia glorias pasadas. Falla, Turina, Granados y Albéniz , amparados en don Felipe Pedrell, serán, entre otros,  los grandes impulsores del arte flamenco, junto con sus grandes artífices: Juan Breva, don Antonio Chacón, Enrique el Mellizo, Manuel Torres, Niña de los Peines, etc., quienes revalorizaron el arte flamenco en todos sus aspectos.                

 

                  Málaga, Enero de 2010.- Conservatorio Superior de Música y Danza